Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene 19 años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón...Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz...
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?... ¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?... Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

lunes, 11 de junio de 2012

"EL PODER TRANQUILIZADOR DE LOS ABRAZOS" (M.A.M.)

Hoy, una persona con la que mantengo contacto gracias a este blog me ha preguntado sobre la posible comercialización en España de edredones "con peso" que parece ser que en Estados Unidos se utilizan como medio tranquilizador para los niños con trastorno de espectro autista.

Tengo que reconocer que desconocía la existencia de este tipo de edredones pero he buscado en Google y he encontrado un enlace en el que se explica como se puede confeccionar uno en casa.

Lo que yo hago, desde hace mucho tiempo, cuando Julia está excesivamente nerviosa, excitada es practicar lo que denomino el abrazo de "Mamá Osa". Generalmente, con los niños con este síndrome funciona mejor el abrazo por detrás, por la espalda, aunque Julia es tan mimosa que le gusta tanto por delante, con besos incluídos, como por detrás.

Mi referente en el mundo del autismo, la gran Temple Grandin, una mujer con autismo, ideo la "máquina de dar abrazos" inspirándose en un artilugio que usaba un tío suyo, ganadero, que consistía en dos placas que comprimían al ganado y ésta acción tranquilizaba al animal.

Voy a copiar tres enlaces muy interesantes sobre este tema. Espero que os sirvan como orientación en este mundo tan desinformado como es el mundo del autismo.





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TEMPLE GRANDIN
La máquina de dar abrazos
Temple Grandin es autista, quizás la más famosa del mundo. Piensa, siente y experimenta el mundo de una forma que es incomprensible para la mayoría. Además, es doctora en zoología, profesora en la Colorado State University, lleva su propio negocio, escribe libros, ... Es un claro ejemplo de que, a veces, el autismo es una incapacidad que puede superarse si se reciben las ayudas adecuadas en la infancia. 
Temple nació en 1947, una época en la que se sabía muy poco del autismo. El nacimiento fue normal, pero a los seis meses su madre empezó a notar que rechazaba los abrazos. Poco más tarde, se hizo evidente que la pequeña Temple no soportaba que la tocaran.

Su Sistema Nervioso era tan sensible que se sobreestimulaba no sólo al sentir la cercanía de alguien, sino al oír cualquier sonido. Al sonido de un teléfono o de un coche, reaccionaba con fuertes berrinches o golpeando cuanto estaba a su alcance. «Cuando era niña, los sonidos fuertes como la campana de la escuela herían mis oídos como el taladro de un dentista pegándole a un nervio», cuenta Temple.

A los tres años, los médicos dijeron que tenía daño cerebral y sus padres contrataron a una institutriz con la que la niña realizaba ejercicios físicos y juegos repetitivos.

Cuando llegó al instituto, había aprendido a controlar un poco la ansiedad y el miedo constantes. Lo lograba encerrándose en sí misma y soñando despierta, pero a los otros niños les parecía fría y distante, y la daban de lado. Temple experimentó la soledad, el aislamiento y las burlas de sus compañeros.

A los 16 años, su madre insistió en que fuese a pasar unos días a la granja de ganado de su tío, en Arizona. Allí cambió su vida. Además de sentir una fuerte empatía hacia aquellos animales, se fijó en una máquina que se usaba para tranquilizar al ganado cuando venía el veterinario a explorarlos. Consistía en dos placas metálicas que comprimían a la res por los lados. La presión suave parecía relajarlos.

Temple visualizó un artilugio semejante para ella: una máquina de dar abrazos. Pensó que le proporcionaría el estímulo táctil que tanto necesitaba pero que no podía obtener porque no soportaba el contacto físico humano.

A la vuelta de aquellos días en la granja, entró en una escuela especial para niños dotados con problemas emocionales y sus profesores la animaron a que construyera la máquina. Por esa época, ya la habían diagnosticado con autismo y se sabía que Temple tenía memoria fotográfica.

Aprendió ingeniería mecánica y matemáticas, y salió adelante con su proyecto. La máquina permitiría a la persona que la usara controlar la duración y la intensidad del "abrazo" mecánico. Con este artilugio, Temple realizó experimentos que la animaron a ir a por un diploma a la Universidad. También se convirtió en parte de su propia terapia. La ayudaba a relajarse y le sirvió para empezar a sentir cierta empatía hacia los demás. Hoy hay clínicas para tratamiento de niños autistas que utilizan la máquina inventada por Temple.

Temple Grandin tiene ahora 59 años y es una líder tanto en bienestar animal como entre la comunidad autista. Su empatía con los animales, en especial las vacas, han hecho que la multimillonaria industria ganadera de Estados Unidos confíe en ella para rediseñar la maquinaria de manejo del ganado en los mataderos. Temple dice que sabe cómo se sienten esos animales antes de morir, que sabe cómo piensan o lo que les da miedo. Por eso se dedica a hacer el último momento de su vida lo más agradable posible.

Oliver Sacks dedicó un capítulo en "Un antropólogo en Marte" a la biografía de Temple. Su libro fue la primera narración sobre el autismo contada desde dentro. Hasta entonces, tanto médicos como familiares de autistas habían pensado que dentro de un autista no había nada. La autobiografía de Temple, publicada en 1986, asombró al mundo.

Después de un duro día de trabajo en una inspeción en los mataderos, o a la vuelta de uno de sus múltiples viajes o conferencias, Temple se retira a su casa, en Fort Collins, Colorado, y va directa a su máquina de dar abrazos. «Después de usar la máquina, tengo sueños más agradables», dijo en una entrevista para La American Radio Works, «Tengo esa bonita sensación de que te están abrazando».

Grandin sigue sin aguantar que la toquen. «Daría un salto», dice. «Sería como tocar a un animal salvaje. Ya sabes, cuando tocas a un animal salvaje, haces que salte. Si alguien me tocara, me apartaría. Mi sistema nervioso reacciona cuando tengo miedo de la misma forma en la que lo hace el sistema nervioso de las vacas o de los caballos que sienten miedo».



— Web de Temple Grandin.
— Artículo sobre el efecto de la máquina de los abrazos: "Calming Effects of Deep Touch Pressure in Patients with Autistic Disorder, College Students, and Animals", por la Dra. Temple Grandin. Publicado en la revista JOURNAL OF CHILD AND ADOLESCENT PSYCHOPHARMACOLOGY, en 1992.
— The Squeeze Chair Project. Un "sillón de los abrazos", diseñado por Wendy Jacob e inspirado en la máquina de Temple Grandin.
— Crítica a la Terapia del abrazo forzado, o terapia sostenida, por Claire Sainsbury.
— Temple Grandin en Wikipedia.
—Documental de la BBC, en YouTube:
"The woman who think like a cow" 1ª Parte.
"The woman who think like a cow" 2ª Parte.
"The woman who think like a cow" 3ª Parte.
"The woman who think like a cow" 4ª Parte.
"The woman who think like a cow" 5ª Parte.

KINDSEIN
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El poder del abrazo, siéntete mejor!!!




Sin importar de dónde es o cuánto tiene, todos los seres humanos necesitamos del contacto físico con otras personas.
Según los expertos, la terapia de abrazos produce una sensación de bienestar que puede reducir la presión arterial, la ansiedad, el estrés y la depresión. Se ha descubierto que un abrazo recibido en el contexto adecuado puede liberar endorfinas.
Las endorfinas son liberadas por el cerebro humano y ayudan a elevar el umbral del dolor, aumentan la sensación de placer y felicidad e, incluso, retardar la sensación de fatiga.
Kathleen Keating, autora del libro “La Terapia del Abrazo” explica que los abrazos ayudan no sólo a sentirnos bien, también favorece el buen desarrollo de la inteligencia en los niños, a superar los miedos y es un factor anti-envejecimiento.
Además, puede disminuir el apetito, combatir el insominio, reducir la tensión y alentar el altruismo y la autoestima. El contacto físico del abrazo llena de energía tanto al que abraza como al que recibe el abrazo. Un estudio demuestra que las caricias y abrazos le hacen bien al corazón de la mujer.
Sin embargo, es importante aclarar que no a todas las personas les agrada el contacto físico pero incluso a ellas se les puede abrazar en la medida en que se sientan cómodas.
Se recomienda recibir de cuatro hasta doce abrazos diarios para contribuir de manera significativa a la salud en general de las personas. ¿Te interesa intentarlo? Pues no lo pienses y pon brazos a la obra.

Vida Sana – Consejos, Dietas y Ejercicios para Vivir Saludables – eVidaSana.com
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CÓMO HACER UNA MANTA CON PESO PARA INTEGRACIÓN SENSORIAL



Escrito por Tim Altork

Cómo hacer una manta con peso para integración sensorial
Las mantas con peso son usadas con frecuencia como una herramienta terapéutica para ayudar a calmar a los niños que sufren algún desorden de integración sensorial. Este en general acompaña otras condiciones que se observan dentro del espectro del autismo. Los desórdenes sensoriales provocan que los niños busquen estímulo sensorial o "stim", el cual se caracteriza por ciertas acciones como agitar los brazos o, en casos severos, conductas de autoagresión. Una manta con peso contrarresta esta necesidad de estímulos. La presión que ejerce sobre el cuerpo del niño satisface su necesidad de contacto físico y al mismo tiempo lo calma. Tú puedes hacer tu propia manta con peso con unos pocos elementos.

Nivel de dificultad:
Moderada

Instrucciones

Necesitarás

  • Una máquina de coser
  • Un corte de 4 por 4 pies de material para sacos rellenos
  • Una manta de cama de 2 y 1/2 plazas
  • Cinta de velcro
  • Tiras de velcro
  • 5 libras de bolitas de plástico
  1. 1
    Recorta 20 cuadrados de cuatro pulgadas de la tela para sacos rellenos. Estos recortes se convertirán en 10 bolsas rellenas que le otorgarán peso a la manta.
  2. 2
    Ubica dos cuadrados juntos con el lado estampado mirando hacia afuera. Cóselos en tres lados, dejando una abertura de una pulgada aproximadamente en el cuarto lado para que puedas introducir el material pesado.
  3. 3
    Rellena los sacos hasta que alcancen el peso deseado usando pequeñas bolitas de plástico de las que usualmente se ven en los muñecos rellenos. Llena las bolsas hasta 3/4 de su capacidad, así tendrán suficiente peso y al mismo tiempo el relleno tendrá lugar para moverse.
  4. 4
    Cose la abertura de una pulgada para completar el saco relleno. Ten cuidado de no dejar que las bolitas se salgan mientras cierras el orificio.
  5. 5
    Repite todo este proceso para las piezas restantes de material, hasta que tengas las 10 bolsas armadas.
  6. 6
    Corta 20 tiras de cuatro pulgadas de cinta de velcro, y adhiere dos tiras de la parte que engancha a dos de los bordes de cada saco. Las bandas deben quedar paralelas entre sí, no perpendiculares (tocándose en una esquina).
  7. 7
    Coloca dos bandas de velcro, de la parte que tiene rulos, sobre la manta, paralelas entre sí y logrando que los bordes externos queden a cuatro pulgadas de distancia uno del otro.
  8. 8
    Repite esto nueve veces más, espaciando los pares de tiras de velcro en forma pareja sobre toda la superficie de la manta. Ubícalas formando un patrón de tablero de ajedrez, así, cuando dobles la manta por la mitad no quedarán superpuestos.
  9. 9
    Engancha los 10 sacos rellenos a la manta usando las bandas de velcro.
  10. 10
    Dobla la manta por la mitad ubicando los sacos en el lado interno. Cose los bordes largos juntos y uno de los cortos juntos entre sí para crear una manta con una abertura en un extremo.
  11. 11
    Cose bandas opuestas de velcro (no cinta de velcro) en ambos lados del interior del extremo de la manta que ha quedado abierto. Cose la parte enrulada sobre un borde y la parte que engancha sobre el borde opuesto. Esto te dará fácil acceso al interior de la manta en caso que necesites reemplazar o ajustar los sacos rellenos.

Consejos y advertencias

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