Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene 19 años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón...Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz...
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?... ¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?... Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

martes, 8 de agosto de 2017

"CASI TODO A LO QUE TIENE QUE ENFRENTARSE UNA MADRE DE UNA PERSONA CON AUTISMO" (M.A.M.)

Todo por lo que hemos pasado y pasamos las madres de niños con Autismo antes de su diagnóstico:

-Tu pediatra te dirá que "ves cosas donde no las hay"; que no existe una edad exacta para el inicio del lenguaje. En mi caso, el hecho de que Celia naciese catorce meses después de Julia, se convirtió en el perfecto argumento: Julia "sufre una regresión debido a los celos" o "está pasando por lo que se conoce como el síndrome del príncipe (en este caso, princesa) destronado".

-Seguidamente, la culpable pasé a ser yo. Y en este punto, hay dos bandos. Uno el familiar, sobre todo, aquellos miembros pertenecientes a la familia del que entonces era mi marido; según ellos, yo era demasiado permisiva y "blanda" con mis dos hijas, las mimaba y protegía en exceso...no sabía educarlas. Ahí estaba el origen de las rabietas de Julia, sus negativas a comer, sus pataletas, su rechazo a imitar Otro el formado por los miembros de los psicólogos, cuya misión parecía ser machacarme no sé con qué fin, sobre todo el que estaba al frente del equipo psicopedagógico del primer colegio al que asistió Julia que se atrevió a plantearme ya la trasnochada teoría de las "Madres Nevera". Aquel día quise morir porque si hay algo que me caracteriza es que llego a ser hasta exageradamente cariñosa...no entendía nada.

-Salvo mi madre, la única que veía que algo no funcionaba bien era yo. Recuerdo llegar a casa con cientos de folios que había sacado por la impresora del periódico en el que trabajaba (sí, utilicé con fines propios los medios de la empresa) tras buscar en internet y que constataban que Julia entraría dentro del Trastorno de Espectro Autista...y la cara de suficiencia de mi marido: "¿por qué no dejas de investigar?, nuestra hija es perfectamente normal".

-A pesar de que Julia nunca ha hablado, siempre ha tenido algunas altas capacidades y una serie de comportamientos que por no entrar en los típicos parámetros del autismo, despistaron al principio a los médicos. Tuve que ser yo la que exigí los volantes para los especialistas que consideré debía visitar con el fin de de descartar o confirmar el temible diagnóstico. Es así como fuimos recibidos por los especialistas en foniatría, psiquiatría, neurología, genética, psicología. En este post cuento los pormenores de las diferentes visitas, las distintas pruebas, los variopintos diagnósticos que recibimos ( http://mihijaesautistaquemirausted.blogspot.com.es/2015/11/la-planta-yel-doctor-eminencia-mam.html ).

-La elección del centro escolar es otro punto importantísimo. Yo me dejé guiar por los consejos de los presuntos profesionales que trabajaban con Julia en el momento del inicio de su escolarización. ¡Y volvemos a lo de siempre!...el hecho de no tener claro un diagnóstico ha provocado la pérdida de unos maravillosos años de colegio en colegio. Primero en un colegio concertado de integración, luego en un colegio público hasta que, por fín, la matriculamos en un colegio de educación especial (todas las visicitudes en la vida esolar de Jula aparecen en este otro post; http://mihijaesautistaquemirausted.blogspot.com.es/2015/02/visita-al-colegio-de-juliaen-el-que.html ).

-Fue cuando Julia tenía nueve años cuando su neurólogo me dice: "espero que a estas alturas ya sepa que su hija tiene Trastorno de Espectro no oral atípico". No oral, porque no habla; atípico, porque ha desarrollado una capacidad cerebral que ha vuelto locos a todos los profesionales médicos que han intentado buscar un razonamiento lógico a eso que es capaz de hacer Julia.

Pero luego pasamos al día a día, tras el diagnóstico, cuando dejamos de movernos en el ámbito oficial y pasamos al cotidiano.

-Debemos soportar las risas, lo cuchicheos y, sobre todo, las miradas ante cualquier actitud de Julia que no se atenga a las normas "normalmente" establecidas. Deberían saber que cuando se ríen de mi hija es posible que incluso ella, dada su inocencia, participe de sus risas pero yo no...a mi me dañan, me violentan, me indignan.

-Tenemos que "aguantar" las criticas de otras madres, "acusándonos" de preservar a nuestros hijos en grandes burbujas. Cuando yo digo que me niego a acudir a una piscina pública con Julia es, sencillamente, porque no soporto que mi hija se convierta en el centro de atención de todo el mundo y, no nos engañemos, si la gente fuese medianamente respetuosa, no niego que, en un principio, ver que una ya casi mujer juega en el agua, saltando y gritando mientras palmotea fuertemente contra el agua, pueda resultar llamativo, pero al minuto te das cuenta de que algo no funciona correctamente. Sin embargo no es así, se deleitan observándola, riéndose sin ningún pudor. Y luego están las madres que montan en cólera porque Julia coge la pelota que tienen junto a la toalla...a ver...que no es necesario gritar, ni que se entere todo el mundo..que yo puedo explicar lo que ocurre.
Acudir a un parque ahora mismo ya es misión imposible a no se que acudamos a horas intempestivas. Por supuesto, nadie entiende que Julia no ha perdido ese lado infantil que hace que le entusiasme columpiarse y bajar por el tobogán...aún así, cuando era pequeña, todo se convertía en una pequeña batalla ya que ningún niño entendía la forma de actuar de Julia y, al final, eran esos mismos niños quienes la echaban del área recreativa.

-A sus 19 años debo seguir respondiendo a preguntas del tipo: "Ah!, ¿pero Julia aún no es capaz de vestirse sola?, ¿no es capaz de ducharse sin ayuda?, ¿no sabe peinarse?. ¡Pues no!, Julia necesita de mi ayuda para vestirse, para ducharse, para peinarse, para comer, para casi todo...

-Aún debo escuchar que Julia está muy mimada, que soy muy permisiva, que necesitaría mano dura, como si una persona con autismo pudiese controlar fácilmente esa hiperactividad que le hace correr sin control y sin previo aviso o dominar esas crisis de ansiedad que no son más que el reflejo de la angustia que sienten en ese momento...¿por qué?...¡ojalá pudiese contestarlo!.

-Y luego, el estamento médico. Tras mi última revisión ginecológica, le planteé a la doctora que me atendió la "especial" situación de Julia,..pues va y me espeta:"mientras no tenga relaciones sexuales no es necesario que se someta a ninguna revisión". Veamos, le estoy hablando de una persona con autismo no verbal que, socialmente, es igual que una niña...no hubiese sido mucho más fácil decirme: "lo siento pero no estamos preparados para realizar una citología a una persona con la problemática que tiene su hija".

En fin, yo no me considero en absoluto una madre "coraje", ni me siento más fuerte que cualquier otra madre. Solamente pediría que no se nos pusieran tantas piedras en un camino que, ya de por sí, es difícil de transitar, cuesta arriba y lleno de curvas. Un poco de comprensión y empatía es suficiente.


                     

domingo, 6 de agosto de 2017

"ODIO EL AUTISMO" (M.A.M.)



Me he despertado odiando a este invitado indeseable que es el autismo y detestando el hecho de que Julia no hable, que no sea capaz de comunicarse. Me hubiese gustado que el autismo se hubiese corporeizado en el monstruo temible que es y pegarme con él hasta que le devolviese el lenguaje a mi hija.

Hoy es de esos días en los que me apetecería decir: "me rindo, no puedo más, tiro la toalla". Pero miro sus enormes y oscuros ojos sonriéndome y me desarma. Y voy a seguir, aunque seguiré odiando al autismo, jamás podré ser su amiga...me ha robado demasiado.

Julia tiene 19 años.

Sin su autismo, sería capaz de hablar, comunicarse, discernir, sociabilizar, empatizar. Este curso empezaría su segundo año en la universidad.

Sin su autismo, dejaría de comportarse como si tuviese tres años, no necesitaría a nadie que la duchase, vistiese, cortarse la comida, llevase de la mano por la calle, cerrase con candado las puertas.

Habría hecho viajes con sus amigos, porque tendría amigos. Habría o, tal vez no, conocido el amor, pero habría sido su elección.

Tendría empatía y entendería cuándo estoy triste, preocupada o feliz.

Sabría qué significa el dinero, la sociedad, el gobierno, la paz, la justicia.
Tal vez, tendría instinto maternal.
Su futuro no sería el que es...podría viajar, encontrar un trabajo, formar una familia.

Próximantente, debo incapacitarla legalemente, "robándole" cualquier atisbo de dignidad y libertad y, dentro de nada, tendrá que someterse a una ligadura de trompas, como medida de protección hacia ciertos desalmados.
Por supuesto que no cambiaria a Julia por nadie, ¡es de estúpidos pensar algo semejante!, la amo con mi vida. Pero, lo siento, no creo haber sido elegida por un dios para cuidar de una persona con autismo.
Creo estar en todo mi derecho de odiar y detestar a lo que ha trastocado la vida de mi hija para siempre: el asqueroso Autismo


lunes, 17 de julio de 2017

NO ME IDENTIFICO CON EL LIBRO "EL NIÑO AL QUE SE LE OLVIDÓ COMO MIRAR" (M.A.M.)

Me consta que me van a caer cataratas de críticas; sé que incluso algunas madres-amigas de hijos con autismo es posible que me eliminen de su lista de amistades en Facebook pero no puedo quedarme callada.

El Libro "El niño al que se le olvidó cómo mirar", escrito por Juan Martos y María Llorente es amable, tierno, políticamente correcto, limpio, aséptico, pulcro. Quiero pensar que todas de las intervenciones que explican están empíricamente demostradas.Todo él parece estar redactado para dejar contento, tranquilo y satisfecho al público para quién está destinado.

Pero, lo siento, adolece de un grave problema. Yo no me siento identificada y si yo no me identifico es porque, obviamente, han olvidado a las personas con autismo no verbal que responden al perfil de mi hija Julia. Lo sé, Julia forma parte del ala oscura del autismo; el de las crisis, el de las autolesiones, el de aquellos que jamás entenderán los convencionalismos sociales, por demasiado abstractos, porque no pertenecen a su mundo.


No dudo que debe de ser muy gratificante narrar historias de niñ@s diagnosticad@s de autismo que, gracias a las intervenciones de los terapeutas de turno, avanzan, mejoran, incluso hablan.

Mi hija tuvo todos los apoyos posibles: una profesora de apoyo y una logopeda venían todos los días a casa, tras el colegio; asistíamos a terapia con caballos, a piscina, a musicoterapia.

Lo único que quiero recordar es que, al igual que existe una cara amable del autismo en la que las personas afectadas pueden integrarse en los colegios, obtener unas brillantes notas, llegar a realizar una vida prácticamente normal dentro de sus limitaciones, existen otras personas que no obtienen los mismos resultados

Como aún no está claro el origen del autismo, tampoco podemos explicar el motivo, pero es un hecho que mi hija jamás sacará un sobresaliente en lengua, nunca será independiente, se sentirá una extraña en determinados entornos y sí, de vez en cuando, nos visitará el terrible y silencioso monstruo llamado Autismo, en forma de crisis... largas, agresivas, cada vez menos controlables y, en mi caso, absolutamente impredecibles. Aunque, una vez finalizadas, vuelve a ser la persona amorosa y mimosa que siempre ha sido.

Al igual que siento, cada vez con más seguridad,que este blog ya no tiene mucho sentido, quiero decir a todas esas personas que me han pedido que cuente mi historia con el Autismo que, de verdad, si llega ese momento en el que me sienta con fuerzas para revivir todo el proceso vivido con mi hija Julia, lo contaré todo, absolutamente todo en un libro. Pero aviso con anticipación, no será una lectura amable, porque, repito, yo vivo la cara oscura del Autismo


Como aún no está claro el origen del autismo, tampoco podemos explicar el motivo, pero es un hecho que mi hija jamás sacará un sobresaliente en lengua, nunca será independiente, se sentirá una extraña en determinados entornos y sí, de vez en cuando, nos visitará el terrible y silencioso monstruo llamado Autismo, en forma de crisis... largas, agresivas, cada vez menos controlables y, en mi caso, absolutamente impredecibles. Aunque, una vez finalizadas, vuelve a ser la persona amorosa y mimosa que siempre ha sido.

Al igual que siento, cada vez con más seguridad,que este blog ya no tiene mucho sentido, quiero decir a todas esas personas que me han pedido que cuente mi historia con el Autismo que, de verdad, si llega ese momento en el que me sienta con fuerzas para revivir todo el proceso vivido con mi hija Julia, lo contaré todo, absolutamente todo en un libro. Pero aviso con anticipación, no será una lectura amable, porque, repito, yo vivo la cara oscura del Autismo

viernes, 7 de julio de 2017

"RISAS E INCOMPRENSIÓN" (M.A.M.)

Hoy, a pesar de la tormenta, estoy contenta.

Por la mañana, hemos ido al "mercadillo" de Moraira y el comportamiento de Julia ha sido maravilloso. Ni un solo salto, ni un grito, ni una estereotipia...tan solo, al acercarnos a un puesto de frutos secos, quiso "decirme" que le apetecían unas almendras y casi mete la mano en el recipiente, pero el dependiente sonrió de esa manera que solamente las madres que tenemos hijos con autismo no oral u otro tipo de discapacidad podemos entender y agradecer.

Y no quería contar un pequeño incidente porque me niego a que nadie enturbie nuestras vacaciones pero debo hacerlo. Ayer, el socorrista de la piscina, David, un buen amigo siempre pendiente de Julia, me confesó que un par de adolescentes ingleses, el pasado miércoles, se burlaron y rieron de mi hija. Es muy triste que aún tenga que explicar, allí donde voy, que el comportamiento de mi hija se debe a su autismo, algo que sé decir en español, francés e inglés...cuando...¡lo único que hace "fuera de lo normal" es saltar y reír!...no molesta en absoluto

miércoles, 17 de mayo de 2017

"JULIA Y CELIA...TAN DIFERENTES, PERO AMBAS MARAVILLOSAS" (M.A.M.)

Siempre quise ser madre, no recuerdo ninguna época de mi vida en la que no lo desease. Incluso cuando estudiaba ballet clásico y mi sueño era convertirme en una gran bailarina, ya planificaba cuál sería el mejor momento para acceder a la maternidad, y no era más que una mocosa de 14 o 15 años. Nadie preguntó a mis hijas si deseaban venir a este mundo de locos en el que lo único que puedes prometer sin temor a errar es que no van a conocer la felicidad plena. 


Pero, al menos, se puede intentar crear un mundo paralelo, cuyo núcleo sea nuestra casa y en el que reine lo más parecido a lo que se conoce como felicidad.

Julia ya tiene 19 años. Hace ya tiempo que he asumido que el espectro de síntomas que rodean a mi hija no tienen cura; pueden mejorar con trabajo, terapias, más trabajo, más terapias, estímulos; además su propia madurez como persona también colaboran en esta mejora. Pero no quiero engañarme: siempre tendrá autismo. Nunca podré charlar con ella, no podré ir al cine a ver la última película, no hablaremos de "chicos"...realmente, nunca podremos conversar, discutir, dialogar.



Sin embargo creo que podría asegurar que Julia ha accedido a una felicidad desconocida para el resto de las personas "no especiales". Solamente mantener esa parte infantil que el autismo le impide abandonar hacen de ella un ser feliz. 

Desconocer el significado de conceptos abstractos como puede ser la crisis económica o el valor del dinero; no entender qué significa estar triste o melancólico; mantenerse ajena a cualquier convencionalismo social, la mantienen en un círculo mágico y protector.

Sin embargo, su lenguaje expresivo ¡¡¡es maravilloso!!!. Si está feliz, sus besos son continuos, sus abrazos interminables, sus carcajadas musicales; te coge de las manos para llevarte a su cama para que le hagas cosquillas suaves por el pelo, el cuello, su espalda...

No negaré que llegar a ser feliz plenamente con tu hija autista es muy complicado. Yo al menos, no lo he conseguido...y eso que creo haber pasado por todas las fases de duelo:

1- Negación

2- Rebelión

3- Racionalización

4- Depresión

5- Reconciliación

Yo, ahora mismo, desconozco en que fase estoy, porque aún no he superado ninguna. Voy dando saltos de una a otra, según mi estado de ánimo. Me reprocho, me culpo, me agredo como causante del autismo de mi hija. Todavía me cuesta muchísimo acudir a determinados lugares públicos como una piscina, un supermercado, un cine. No voy relajada porque sé que, en cuestión de segundos, todo puede girar 180 grados.

A pesar de todos los problemas, es mi hija, a la que tanto deseé y la quiero tal y como es. ¿Qué si me gustaría que no fuese autista?. ¡Por supuesto que si!, pero no está en mi mano y estoy cansada de luchar contra lo imposible.

Celia es justamente un año más pequeña que su hermana. Siempre ha vivido con su problema por lo que no conoce otro tipo de relación fraternal.

Pero los años, los amigos, la experiencia, le han hecho ver que Julia es "diferente" y también tiene que pasar su duelo para aceptar que no va a poder ir a ningún sitio con su hermana como lo hace con sus amigas...y me consta que eso le duele.

Celia se ha convertido en mi amiga, mi aliada, mi apoyo, mi confidente, al vez demasiadas cosas para sus, tan sólo, diecisiete años (cumplirá dieciocho en junio).

Julia y Celia son mis hijas. Ambas fueron buscadas, deseadas y recibidas con la misma felicidad e idéntica ilusión. Ya he asumido que llevarán vidas radicalmente diferentes., solamente pido que sean felices en aquello que logren llevar a cabo.




.

Julia y Celia jugando en la piscina
el verano pasado




                                                       Celia jugando sobre mis rodillas a los 
                                                                                 tres años.
                                                                       




Julia jugando, también, sobre mis rodillas
a los cuatro años-