Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene 19 años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón...Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz...
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?... ¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?... Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

sábado, 27 de agosto de 2016

"EXPLICACIONES CONCEDIDAS" (M.A.M.)

A ver, ante posibles suspicacias, críticas o malentendidos aunque esté estos días lejos de mis hijas, no lo hago porque me apetezca.

El juez dictaminó unos periodos vacacionales basados, fundamentalmente, en las vacaciones de mi hija Julia que, los que ya me conocéis, tiene autismo severo no verbal. Este verano han sido: desde el final del curso de Julia hasta el 15 de julio, conmigo; del 15 de julio al 1 de agosto, con su padre; del 1 de agosto al 15 de agosto, conmigo; del 15 de agosto hasta el inicio del curso de Julia, con su padre. Si yo me he ido, no ha sido porque desease unas vacaciones sin hijas; si yo me he ido es porque mi hija pequeña no quiere ir a casa de su padre, que vive con su hermana, y a la que, lo siento, ni mi propio ex marido soporta; es por eso que, en el mes de julio no estuvo con él ni un solo día. Y esa es la razón por la que en agosto decidí ser yo quien se fuese de mi casa para que así mi ex marido pudiese estar con nuestras dos hijas, sin que ellas saliesen de su entorno, algo que agradecen Julia y Celia debido a su autismo y a su adolescencia, respectivamente. Además, me parece muy injusto que, amparándose en la falta de lenguaje de Julia, ella tuviera que estar fuera de su casa, conviviendo con una persona que desconozco cómo la trata,

Tras el verano, mi ex marido verá a nuestras hijas, dos fines de semana al mes, exactamente cinco días...eso si Celia accede a acudir a casa de su padre.

En Madrid me alojo en casa de mi primo Nacho, la persona con la que posiblemente más haya jugado nunca y al que quiero con locura. Y sí, vive en una urbanización con piscina donde tomo el sol, visito todos los museos que puedo, paseo por las calles de la que considero mi ciudad y me encuentro con todos los amigos a los que quiero...y siento si hay personas a las que le moleste que, durante esos días, sea feliz.

Y si he decidido venir una semana sola a Moraira, un pueblecito cercano a Altea, del que estoy enamorada, ha sido porque este año he podido permitírmelo. En julio pude estar con mis hijas dos semanas porque me ayudó mi madre. Pero pensé que no iba a tener que explicar que llevaba desde 2011 sin salir con mis hijas de Asturias porque mi economía no me lo permitía. Porque soy el perfecto ejemplo de producto de la crisis: despedida del periódico en el que trabajaba desde hacía 22 años, en 2011; apertura de una librería que tuve que cerrar porque mi ex dejó de pagar su parte de la hipoteca, entre otras cosas y porque la maldita crisis tampoco ayudó; intenté trabajar en dos empresas como comercial, pero no podía compaginar mi horario con el cuidado de mi hija Julia, Ahora estoy saliendo a flote y...¡lo siento!...me siento orgullosa de haber superado unos años terribles.


Suelo infravalorarme, no soy ni mucho menos mi mejor amiga, no me quiero demasiado, estoy diagnosticada de varias cosas entre las que se encuentra la depresión...pero ahora me siento con fuerzas para seguir adelante, Cuando noto que se acerca uno de mis "bajones" ya no me dejo llevar...lucho para no caer en el maldito agujero negro. ¿Y sabéis por qué?. Por mis hijas, por mi madre y por mí. Las cuatro nos merecemos vivir lejos de la tristeza,

Siento mucho si hay personas que me consideran frívola e irresponsable, superficial o, lo que más me duele, mala madre, porque a mis hijas las quiero más que a mi propia vida. Pero estos días que estoy fuera de mi casa estoy intentado disfrutar. Soy libre, no tengo pareja...únicamente me debo respeto a mí misma. Además, ¿alguien puede explicarme qué daño hago por tumbarme al sol, nadar, tomar un café o una copa con amigos, visitar museos, leer, escribir, pasear, en definitiva...vivir?.

El 11 de septiembre, tal y como dictaminó el juez, regresaré a mi casa, a mi mundo, con mis hijas. Y puedo asegurar que voy a poner todo mi empeño en seguir siendo todo lo feliz que pueda dentro de mis posibilidades. Saldré a correr, seguiré escribiendo, charlaré con mi mejor amiga y, sobre todo, seré madre...pero es que jamás he dejado de ser madre, aunque ahora me separen unos cuantos kilómetros de mis hijas, lo que más quiero en este mundo. Ah...lo olvidaba...y publicaré mi segundo libro de poemas, prologado por un gran poeta

viernes, 5 de agosto de 2016

"JULIA Y YO ESTAMOS MADURANDO" (M.A.M.)

Es un hecho confirmado que Julia y yo hemos madurado.

Esta tarde hemos ido solas a la playa. No he hecho como hacía otras veces que buscaba el rincón más aislado y alejado del resto de la gente; no, hoy he buscado un lugar cercano a la orilla, independientemente del número de bañistas que nos rodeasen. He estirado las dos toallas.

Julia se ha desvestido tirando sus bermudas y su camiseta, convertidas ambas en lo más parecido a un acordeón, sobre la arena. Primeras miradas...Pero, ahora, me da igual. Es más, hoy me hubiese apetecido gritar, para que me escuchase todo aquel que quisiera:

-Mi hija sabe desvestirse sola. De acuerdo, no es capaz de doblar su ropa y, por supuesto, tiene muchísimas dificultades para vestirse sin mi ayuda pero, al menos, se desviste sola...aunque tire su ropa sobre la arena.

Esta tarde le he dicho que la ropa debe guardarla en la bolsa. Veremos qué hace mañana. Si la guarda en el capazo, aunque sea a riesgo de llevar media playa dentro, será otro reto conseguido.

Seguidamente, le he echado crema por la espalda, los brazos, las piernas, la cara. Nuevamente las miradas. Pero, me resultan indiferentes. Además, llegados a este punto, la gente que nos rodea empieza a darse cuenta de que algo no funciona bien. Y nuevamente me apetecería decir en voz alta:

-Sí, debo echarle yo la crema a mi hija, pero ahora la acepta, ahora no la rechaza. No grita ante la textura grasa, al contrario, se relaja.

Después, hemos ido a darnos un baño. Julia en el agua se entusiasma; cada ola que llega se traduce en una carcajada estruendosa, en un grito de alegría, en unos aleteos con sus brazos que es incapaz de controlar. Nuevas miradas. Pero, esos que miran, desconocen que mi hija sabe nadar; por supuesto, sin estilo, pero es capaz de seguirme hasta donde no hace pie y volver junto a mí hasta la orilla.

Cuando regresamos a la toalla, Julia no se tumba "ad hoc". A ella le resulta indiferente que la mitad de su cuerpo esté sobre la arena. En este momento entra en estado de total relajación y...vuelven las miradas. Asumo que puede resultar atípico ver a una joven, sentada sobre la toalla, "hechizada" ante la visión del paso de la arena entre sus dedos o haciendo surcos, lineas, curvas hasta quedar rodeada por los dibujos que ella misma ha realizado...pero es en este punto cuando me doy cuenta que mi maduración como madre de una persona con autismo ha aumentado enormemente. Tranquila, sabiendo que no se mueve de mi lado, cierro los ojos, tumbada boca arriba o leo un libro, tumbada boca abajo.




Cuando las miradas son inmisericordes es a la hora de recoger. Julia tienes muchísimos problemas de psicomotricidad fina. Es incapaz de eliminar la arena que tiene pegada a su cuerpo que, puedo asegurar, es mucha. Debo limpiarla con una toalla los brazos, las piernas, la espalda antes de vestirla porque no, Julia no es capaz de vestirse sola. Podría hacerlo sino me importase que llevase el pantalón desabrochado, el cinturón suelto, la camiseta al revés y los playeros sin atar, pero me importa y....me da igual que hoy una señora, que parecía estar muy aburrida, no nos quitase sus ojos de encima durante el proceso de recogida, limpieza de arena y vestido final.

Creo que cada día que pasa, Julia y yo estamos madurando. Ella en su lucha diaría, superando pequeños retos que no dejan de ser pasos de gigante y yo obviando miradas que, antes, me dañaban.

lunes, 1 de agosto de 2016

"MI NIÑA HA REGRESADO" (M.A.M.)

¡¡¡Julia ya está en casa!!!.

Con ella han llegado las risas, los mimos, los besos, los abrazos, los achuchones. Tengo por delante quince días para disfrutar de ella; luego le toca a su padre, nuevamente, la segunda quincena de agosto quedarse a su cuidado pero, tras el verano, todo volverá a la normalidad.

Me ha hecho gracia mi ex marido. Se ha acercado a mí, bajando la voz y me ha dicho:

-"Es que no quiero que me escuche Celia pero...¡qué gozada es estar con Julia!...es obediente, agradecida, buena y siempre está de tan buen humor!"

A lo que yo le he respondido:

-"¿Recuerdas que vivo con ella?".

Aún sigo sin entender el por qué de su deseo de renunciar a su custodia, pero ya es un tema en el que me niego a entrar. Ha conseguido lo que quería y allá él y su conciencia.

Estos quince días sin ella, he hecho vida de soltera. He salido casi todos los días, me he reído, he estado con adultos que no son padres de niños con autismo...he vivido otra vida, que está genial pero que no es mi vida. Pero me he forzado. Necesitaba recargar pilas y haré lo mismo la segunda quincena de agosto y los primeros días de septiembre.

Y si lo he pasado bien es porque sabía que iba a regresar mi niña amorosa...y si he estado tranquila es porque, aunque su padre tiene mil defectos, quiero pensar que la cuida bien y que está en buenas manos.

Hasta el 15 de agosto, si el tiempo lo permite...y sino, también, iré con ella a la playa bien a tomar el sol, a correr por la orilla del mar o a jugar en las pozas que forma el mar cuando baja la marea. Porque yo soy otra, porque ya obvio las miradas, porque mi hija tiene derecho a disfrutar, porque es una maravillosa persona que no conoce el significado de la palabra "maldad".

Y, ojalá se una a nosotras algún día, mi otra hija Celia, porque es otro cielo de niña a la que le cuesta, a pesar de ser neurotípica, mostrar sus sentimientos, ofrecer un abrazo, dar un beso, decir "te quiero". Aún recuerdo esos maravillosos días en mi paraíso en los que juntas jugaban, riendo a carcajadas, en la piscina de la urbanización.

Os quiero con toda el alma.