Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene 19 años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón...Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz...
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?... ¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?... Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

jueves, 26 de mayo de 2016

"LAS MANÍAS DE JULIA" (M.A.M.)

Hoy no tengo ganas de profundas disquisiciones sobre el autismo porque, en ocasiones, se dan situaciones que no dejan de ser cómicas y positivas para la salud mental y física de las madres o de los padres.

Muchas personas tienen diferentes manías que les afectan en un mayor o menor grado y por el hecho de estar diagnosticadas dentro del Trastorno de Espectro Autista no son inmunes a ellas.

Cuando yo era  pequeña recuerdo que me encantaba tirar cosas por la terraza que daba a la calle…teniendo en cuenta  que era un sexto, la emoción era intensa... eso sí, siempre lanzaba pequeños objetos "no agresivos" como aviones de papel, algún folio suelto, hebras de lana...¡era un auténtico placer verlos mecerse con el viento!.

                            

En mi edificio trabajaba un portero que me odiaba…¡¡¡siempre refunfuñaba cuando le pedía las llaves del trastero donde los niños guardábamos las bicicletas!!!...¿Sabéis cómo me vengaba?: tirando vasos de agua sobre su cabeza (siempre se sentaba en una silla frente al portal ). Para mí suponía una potente descarga de adrenalina , teniendo en cuenta que tardó más de un año en averiguar quien era la “mano del culpable”…eso sí, cuando supo que era yo, la reprimenda de mi madre fue apoteósica…

A Julia no le gusta el ruido, los sonidos estridentes aunque es muy selectiva porque puede escuchar la misma canción de la pelicula Bambi cien veces seguidas a un volumen que a mí me resulta inasumible. Pero no puedo decir nada...pues a mí me pasa lo mismo. El otro día escuché una antigua canción de Miguel Bosé,,,¿75 veces?...hasta que me dí cuenta de lo que estaba haciendo pero os puedo asegurar que, mientras la escuchaba una y otra vez, no era consciente de lo que hacía. En cuando al volúmen tampoco puedo realizar ninguna crítica porque cuando voy sola en mi coche, si en la radio suena una de esas canciones que no puedo evitar cantar, elevo el volumen a un nivel que creo que, en esos momentos, es aceptable únicamente por mí.

Sin embargo hay ruidos que aparentemente no deberían molestar a Julia como puede ser un claxon de un coche, un ladrido de nuestro perro, un secador o una lavadora centrifugando...es entonces cuando lleva sus manos a los oídos y los tapa con toda su fuerza.

A Julia le encanta oler...sí, sí, oler. Desde su ombligo hasta su oreja, desde mi cuello hasta mi mano, desde nuestro perro al gato del vecino. Estoy convencida de que, si lo hace, además de porque le gusta, es porque recibe una gran cantidad de información que a nosotros, los neurotípicos, se nos escapa.

                                 


Creo que mi hija está inmunizada ante cualquier tipo de bacteria o virus y no exagero. Creo que el haber probado, desde muy pequeña, la ceniza de un cigarrillo, la arena de la playa, la tierra de las plantas, la comida de nuestro perro, la pintura de la pared, la plata de un marco de fotos, el agua de la piscina. Podéis reprocharme: ¿pero no estabas pendiente de tu hija?. Puedo aseguraros que, a pesar de que su hermana nació cuando Julia tenía tan solo catorce meses, estaba permanente en alerta, pero su rapidez de acción conviertía en imposible una rápida intervención.

A Julia le apasiona correr sin rumbo, saltar hasta agotarse en una enorme pelota o, en su defecto, sobre su cama a la que se lanza en plancha...aunque, tras romper ocho camas, ahora duerme sobre dos colchones que he dispuesto sobre una tabla. Puedo asegurar que es de lo más confortable.


                                    

Una de las cosas que más le gusta es tirar cosas por la ventana. Ha tirado desde pelotas enormes...sí, esas que se utilizan para hacer Pilates hasta videoconsolas, desde peluches hasta el tazón de cereales. En este punto debo decir que, cuando nos mudamos a nuestra casa, decidí que su habitación diera a un patio interior porque no quería correr el riesgo que, alguno de los objetos que lanza, cayese sobre la cabeza de un viandante.

Cuando jugaba con la Game Boy no llevaba nada bien perder por lo que, cuando Mario Bros moría, él y la maquinita iban directas al patio de luces; obviamente,cuando llegamos a la décima opté por no comprarle ninguna más.




Y hay algo que hace al menor descuido y que, precisamente, es lo que comentaba al principio, a mí me viene muy bien física y mentalmente: le encanta descolgar la ropa del tendal, pero no recogerla, sino dejarla caer, prenda a prenda, con sus correspondientes pinzas. Os preguntaréis por qué me viene bien…muy sencillo: mentalmente, tengo que trabajar mi paciencia, mi control para no “estrangular” a mi hija y, físicamente, ¿sabéis el ejercicio que supone recoger toda una colada junto a un buen número de pinzas repartidas por un enorme patio de luces?.

                        
                             

Creo que las manías de Julia son un buen filón de ideas para este blog sobre todo cuando, como hoy, no tengo ganas de profundidades.

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