Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene 19 años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón...Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz...
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?... ¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?... Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

viernes, 20 de mayo de 2016

"LA ESPECIAL RELACIÓN DE JULIA CON XASY, NUESTRO PERRO" (M.A.M.)

He leído mucho sobre lo beneficioso que resulta para una persona con discapacidad el contacto con los animales, aunque siempre he sido un poco escéptica en cuanto a la relación que vincula "mejoría" del autismo con el trabajo desarrollado con ellos. Sí es cierto, porque yo misma lo he constatado, que acariciar a un gato, pasear a un perro o montar a un caballo genera una sensación de bienestar y relajación realmente placentera.

Recuerdo el tiempo durante el que Julia practicó equinoterapia...¡cómo le gustaba montar a caballo!. En aquel recinto se unían niños con autismo, con síndrome de Dwon, con parálisis cerebral y, en cuanto se subían a sus respectivos caballos...¡ocurría el milagro!...todos tenían una enorme sonrisa dibujada en su cara.

Fue entonces cuando decidí que aportar un animal a la familia podría ser beneficioso para Julia. Como, obviamente, no podía permitirme un caballo y ya que siempre me han gustado los perros, decidí que había llegado la hora de abrir las puertas de nuestra casa a un nuevo miembro: un westy de dos meses que, al segundo, nos enamoró. Vive con nosotros desde 2006.

Supongo que habrá bases científicas que dan credibilidad a la teoría que defiende los beneficios que aporta la presencia de un perro en la vida de un niño con autismo, pero yo tengo ¡pruebas empíricas!. Julia y Xasy, nuestro perro, uno más de la familia, tienen una relación maravillosa.

Quisiera apuntar que, a pesar de que Julia no habla, ella fue quien eligió el nombre de nuestro compañero canino. Antes de que le trajésemos a casa, le pregunté cómo quería qué se llamase y, en el ordenador, escribió: Xasy...no me preguntéis por qué...pero yo no lo dudé ni un segundo. Desde ese día, ese es su nombre.

Tienen una comunicación silenciosa, una mágica complicidad y se profesan un cariño muy especial.

A la hora de la merienda, Xasy acude, sigiloso, a la habitación de Julia, se sube a su cama y espera, pacientemente, a su trocito de galleta, de queso, de chorizo...¡de lo que sea!. A la hora de la cena, siempre se dispone junto a ella, porque sabe, a la perfección, que siempre le va a ofrecer algo de su plato.

                                             

Ambos juegan juntos...¡ a su manera !... corren por el pasillo, persiguiéndose, a ver quién de los dos se hace con el peluche o la pelota de turno. O bien Julia, a quien le encanta inflar globos, los agranda para luego dejarlos escapar, volando, algo que entusiasma a Xasy que, con sus ladridos, pide más,


                                         
                                      



Julia y Xasy son cariñosos y mimosos, no necesitan hablar para transmitir su afecto y, tal vez por ello, se entienden tan bien.

Sin embargo, cuando Xasy busca tranquilidad, acude a Celia. Siempre se mantiene a su lado cuando estudia y es en su habitación donde duerme.

A mí me ve como su mami...es a quien recurre cuando tiene hambre, algo que me hace saber, moviendo con su hocico el plato de la comida o cuándo necesita bajar a la calle...


                                 

Xasy, uno más de la familia.






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