Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene 19 años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón...Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz...
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?... ¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?... Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

miércoles, 14 de enero de 2015

UN CUENTO PARA NUESTROS NIÑOS "ESPECIALES": " MARINA, LA RUBIA NIÑA MAURITANA " (M.A.M.)


  Hola a todos. Me llamo Marina y tengo cinco años. No tengo hermanos , algo que me hubiese gustado mucho.

Nací en un país africano que se llama Mauritania donde mis papás trabajan como médicos curando a la gente que está enferma. Aquí, todas las personas tienen el color de la piel mucho, pero muchísimo más oscuro que nosotros, yo diría que es color chocolate  y el pelo muy rizado. 

En cambio yo tengo la tez muy blanca, el pelo rubio y muy lacio y mis ojos son achinados, aunque los llevo detrás de unas gafas que un médico un día dijo que debía llevar para poder ver bien de mayor. Mami me las compró rosas con florecitas blancas. Lo más gracioso, es que aunque seamos tan diferentes en nuestro color de piel, nadie nos mira poniendo “ cara rara “ ni cuchichean a nuestras espaldas.

Sé que cuando mamá se quedó embarazada de mi fue una gran sorpresa tanto para ella como para papá porque parece ser que una señora de 46 años, que era la edad que tenía mami por aquel entonces, es muy difícil que logre hacer un bebé en su barriga. ¡Pero mamá que es una campeona lo consiguió y sin hacer ningún esfuerzo!.

Yo recuerdo estar muy cómoda en una especie de pecera que se creó dentro de la barriga de mamá a la que estaba unida por un cordón a través del cual me llegaba la comida. Sin embargo, un día, cuando habían pasado unos dos meses desde la noticia de que yo nacería algún día,escuché una conversación entre mi mamá y un médico.

No entendía nada de lo que hablaban. Solo sé que mami dijo que tras haber escuchado los latidos de mi corazón su amor era tan grande que no le importaban los posibles riesgos motivados por su edad, al parecer más que evidentes, y que lo que deseaba sobre todas las cosas era que, por fín, llegase a su vida

Siete meses después, mami tuvo que coger la furgoneta para ir a una aldea a vacunar a los niños y, de paso, dar las medicinas correspondientes a  aquellos que estaban malitos. Se le hizo muy tarde y cuando volvíamos hacia casa, mami intentó llamar a papá para que no se preocupase, pero su móvil se había quedado sin batería. 

En plena noche y en medio del desierto, yo noté como un empujón muy fuerte hacia abajo y sentí como se rompía la bolsa en la que había vivido hasta entonces. Parece ser que eso significaba que mami se había puesto de parto y que no era el momento ni el lugar más adecuado para ello, porque estábamos en mitad del desierto de noche. Además todo empezó a ir muy deprisa. Yo notaba como mi cabeza iba abriendo camino no me preguntéis por donde, pero era muy estrecho y oía a mamá respirar de una manera muy rara y de vez en cuando gritar.

A mí tampoco me estaba gustando nada aquella experiencia. No os puedo decir cuánto tiempo duró pero, de pronto, noté un empujón muy grande y unas manos que me cogían por la cabeza y con mucho cuidado me sacaron de donde había estado hasta entonces. Aquellas manos eran las de mi mamá que ella sola, de noche y en medio del desierto, logró que mi nacimiento fuese un éxito. Como llevaba un botiquín muy completo, cortó el cordón por el que había comido hasta entonces y por fin pude ver la cara de mami…¡¡¡era tan guapa!!!; enseguida reconocí su voz, aunque ahora la oía con más claridad. Sólo sabía decir “mi niña, mi niña….por fin estás aquí”.






Cuando llegamos al hospital, papá estaba muy preocupado y cuando vio a mamá conmigo en brazos empezaron a llorar de alegría, porque no sé si sabéis que se puede llorar cuando uno está muy contento por algo, y mis papis estaban muy felices por mi llegada.

Ya siendo muy pequeña, mamá empezó a jugar mucho conmigo y mientras jugábamos me enseñaba las letras, los números, los colores. También tenía una profe que venía a casa y me enseñaba unos ejercicios muy graciosos para aprender a hablar bien: me hacía inflar globos, beber zumo por una pajita, hacer “pedorretas”… ¡me lo pasaba bomba!.

Desde el principio tuve un montón de profesores y profesoras que trabajaban conmigo en casa y la verdad es que a los cuatro años ya sabía escribir, bueno, las letras me salían muy grandes pero ahora ya me salen más pequeñitas; también empecé a leer y ahora que tengo cinco años voy a empezar con los números.

Mamá me ha dicho que la próxima semana vienes mis abuelitos, es decir, los papás de mami a conocerme. La verdad es que ya tengo cinco años y siempre me he preguntado por qué no venían a vernos. Y claro, cuando vinieron me enteré.

Fuimos a recogerles al aeropuerto y cuando se bajaron del avión y me vieron, en vez de cogerme en brazos, levantarme por el aire, darme besos, abuelita se puso a llorar desconsoladamente y le preguntó a mamá: 

- “¿cómo lo llevas, hija”.

Qué significaría aquella pregunta. Mamá le contestó que lo llevaba estupendamente y que estaba muy orgullosa de mí. Pero abuelita siguió preguntando.

– “ ¿Pero has logrado superar tener una hija con Síndrome de Down?”. 

Aquí sí que me perdí porque nunca había oído a nadie decir que yo tuviese el síndrome ese.

Mami empezó a enfadarse con su mamá. Abuelito, desde que bajó del avión, lo único que hacía era mirarme con una cara con la que nadie me había mirado….no sé, una cara como de pena y no habló absolutamente nada hasta que llegamos a casa que fue cuando, llorando desconsoladamente, dijo que no podía soportar mirarme a la cara, que aquello solo podía ser un castigo por algo que mamá y papá habían hecho mal.

¡¡¡Bufffffffffffffffffffff……………la que se organizó!!!.  

Nunca vi a mamá y a papá tan enfadados con nadie. Mami les dijo que yo era lo mejor que le había ocurrido en su vida y que, además, era lo mejor que habían hecho nunca (ella y papá, claro). También les dijo que mirarme cada mañana al despertarme, era un regalo del cielo y que darme un beso, dos besos….un trillón de besos al acostarme era el último de los regalos que, día a día, les ofrecía. Y por último, les pidió que se subiesen en el primer avión que hubiese de vuelta a España y que mientras mantuviesen esa actitud no quería volver a verlos. ¡Ah!, y añadió muy enfadada

   -“ ¿ Os dais cuenta ahora cuál es la razón por la que no queremos volver?. Aquí Marina es una niña más. Ni tan siquiera la miran porque su color de piel sea diferente. Marina es feliz, muy feliz… pero aquí, donde nació, en Mauritania. Si volviésemos a España, sé que empezaría a tener que soportar las miradas de lástima, los susurros a mi espalda, las palmaditas en el hombro y entonces es posible que Marina dejase de ser la niña que hasta ahora ha sido, una más y yo, que me siento una madre feliz, orgullosa, satisfecha quizás empezase a amargarme porque no soportaría que la gente, solo por mirar a mi dulce niña, diese por hecho que no puede hacer las mismas cosas que el resto de los niños. 

Marina es una niña mauritana que juega con sus amiguitos mauritanos a los que no les importan sus ojos achinados o que al hablar hay palabras que no se le entienden bien. ¿ Y sabéis por qué?. Por la misma razón por la que Marina no se fija en que sus amiguitos y amiguitas van descalzos o incluso desnudos.

Este es nuestro mundo, en el que Marina es una niña más y, lo más importante, ¡¡¡FELIZ!!!




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