Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene 19 años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón...Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz...
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?... ¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?... Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

viernes, 16 de enero de 2015

UN CUENTO PARA NUESTROS NIÑOS: PINGO, EL MONITO "ESPECIAL"...QUE CONSIGUIÓ SER FELIZ (M.A.M.)

El matrimonio formado por doña Kunga y don Pungo, vivían en un pueblo habitado únicamente por monos situado en un rincón del centro de Africa, y que se conocía como Monolandia.


Doña Kunga y don Pungo llevan casados casi 20 años. Se conocieron muy jóvenes, cuando ambos iban a la Universidad de Monolandia. Tiene cuatro hijos, todas monitas, Kanga, Kenga, Kinga y Konga.


Doña Kunga no deseaba tener más hijitos…se sentía ya un poco mayor y no le apetecía nuevamente empezar con el “ rollo “ de los pañales, las noches sin dormir dando de mamar, los llantos interminables por culpa de los gases…¡Bufffff, la realidad era que le daba mucha pereza!.


-“ “Pungo”, no seas pesado, te he dicho mil y una veces que no tengo ganas de tener otro bebe monito. ¡¿No tienes más que suficiente con las maravillosas hijas que tenemos?!. Son inteligentes, responsables, buenas estudiantes y sobre todo, ya son independientes.”


-“ “Kunga”…yo es que tengo ganas de tener un hijo monito…¡vivo con cinco monas…yo soy el único mono en esta casa!. Me apetece tener un hijo monito con el que poder jugar saltando de árbol en árbol, columpiarnos en las lianas de la selva, bañarnos en las ciénagas de la selva...no sé, cosas de monos. Y todavía somos jóvenes.


-” “Pungo”, eso podrías haberlo hecho con nuestras hijas...pero ¡¡¡eres tan machista!!!... no te prometo nada, si pasa, pasa, ¿de acuerdo?”


-“¡¡¡De acuerdo!!!...muchas, muchísimas gracias.


Y claro, ¡¡¡pasó!!!. Doña Kunga se quedó embarazada por ¡quinta vez!  el catorce de mayo nacía el primer monito del matrimonio formado por doña Kunga y don Pungo. Todo fue perfectamente y Pingo, que era como habían decidido que se llamará, nació sano y fuerte…nada más salir de la barriga de su mama, se subió a su espalda, sujetándose de los pelos de doña Kunga.




Fueron pasando los meses y Pingo crecía sano y feliz aunque había algo que preocupaba a su madre: su hijito era demasiado tranquilo, si tomaba como punto de referencia a sus hermanas; apenas emitía ningún sonido y podía estar durante horas mirándose las manos, que movía de la misma forma durante horas y horas. 

A medida que fue pasando el tiempo, los síntomas fueron aumentando. Pingo no hablaba, se balanceaba constantemente, contemplaba ensimismado sus manos, no jugaba con los monitos de su edad…en realidad no jugaba con nadie ni a nada pues se podía pasar las horas viendo como caía el agua de una pequeña cascada, que tenía frente a su casa, al río. 

Sus “ rarezas” se incrementaron: limitó muchísimo las cosas que quería comer pues se negaba a masticar; cuando los elefantes llamaban a la manada o cuando los rinocerontes se bañaban en el río, se tapaba los oídos porque no le gustaban los sonidos fuertes. Y lo peor y que más preocupaba a su madre, no se dejaba tocar por nadie que no fuera ella y literalmente parecía que estuviera sordo. Por más que se desgañitasen gritando su nombre, Pingo no hacía caso a nadie.


Un día, Kunga le dijo a su esposo Pungo:

-"Creo que deberíamos plantearnos seriamente llevar a Pingo a la consulta del mono brujo Kalunga pues su comportamiento no es en absoluto normal: no habla, parece que no escucha, puede estar horas y horas mirando caer el chorro de agua de la catarata sobre el río, no soporta los ruidos estridentes, sólo permite que le toque yo y luego está el tema de la comida…¡estoy desesperada porque solo quiere comer papillas…y ya tiene tres años!. Y el tema de los monitos del cole a los que rechaza totalmente; es más, me ha dicho su profe que si se siente un poco acosado empieza a pegarse cabezazos contra la pared. De verdad, Pungo, estoy muy preocupada…"


-“ “Kunga”, yo creo simplemente que Pingo va un poco más atrasado de lo que iban sus hermanas a su edad, pero de todos es sabido que las monitas evolucionan más rápido que los monitos. Creo que exageras pero si te quedas más tranquila nos acercamos hoy mismo a la consulta del doctor Kalunga”.


-“Gracias mi amor…necesito que el doctor me asegure que su comportamiento puede ser considerado normal o, por el contrario, esconde el terrible diagnóstico que yo sospecho”.


Cuando llegaron a la consulta, la enfermera les hizo pasar a una sala de espera donde Pingo, en cuanto se vio rodeado de desconocidos empezó a gritar y a darse cabezazos. Su mami intentaba calmarlo, pero ella cada vez se estaba poniendo más nerviosa porque si había una cosa que la sacaba de sus casillas eran las miradas de los monos…unas miradas lastimeras,  unas miradas que “físicamente” le hacía daño, porque Pingo es su hijo y le quiere “hasta el infinito y mucho más” y no soportaba esa actitud del resto de los monos.




En ese momento salió la enfermera y pidió a la señora doña Kunga  que entrase en la consulta con su hijo.


-“Buenos días, señora Kunga…hola Pingo”.


Pingo se sentó en el suelo de la consulta, en una esquina, balanceando su cuerpo; cogió una hoja a la que hacía balancear una y otra vez delante de él. Cuando el doctor Kalunga le llamó por su nombre no le hizo ningún caso; cuando intentó tocarle Pingo empezó a gritar.


-“Señora Kunga, lamento tener que darle esta noticia, pero Pingo tiene lo que los humanos denominan Trastorno de Espectro Autista”


-“¡Si ya lo sabía yo!. Tengo cuatro hijas cuyo comportamiento no fue en absoluto como el de su hermano”.


-“Como veo que está informada, sabrá que el autismo no tiene cura pero si mejoría. La suerte que hemos tenido con su hijo es que todavía es pequeño, porque en estos casos el tratamiento temprano es muy importante. En primer lugar, debe matricularle en un colegio simio de educación especial; es en este tipo de centros donde realmente saben trabajar con monitos "especiales" y, además, el número de alumnos por clase es muy pequeño, lo que asegura una educación lo más personalizada posible. En segundo lugar, busque una profesora que le enseñe logopedia, al menos para que Pingo sea consciente de que tiene una boca que sirve para hablar; localice un buen profesional de psicomotricidad para que le estimule a través del juego y ¡antes de nada! lo que hay que conseguir ante todo es que Pingo sea feliz.”


La señora Kunga era una mona fuerte, decidida y se negó a dejarse llevar por la tristeza y el desánimo. Pingo era su hijo, al igual que lo eran sus cuatro hijas; a todos los quería por igual y no cambiaría a ninguno de ellos por otro monito. Tras informarse de qué colegio era el más adecuado para su hijo, le matriculó en un público en el que los profesores ya habían trabajado con monitos autistas, por tanto tenían experiencia. 


Su profe se llamaba Tulinda y recibió a Pingo con los brazos abiertos. Lo primero que hizo fue confeccionarle una agenda en la que se indicaba, a través de dibujos, todo lo que Pingo debía hacer a lo largo del día. En un corcho de la clase, dispuso un montón de fotos y dibujos que Pingo aprendió a utilizar  como método alternativo de comunicación. Otra cosa muy importante ¡Pingo estaba rodeado de monitos a los que no rechazaba!, también es cierto que no jugaba con ellos, pero al menos no les pegaba. Con mucha paciencia, la profe Tulinda consiguió que Pingo aceptase coger un lápiz y empezase al menos a garabatear sobre un papel sin coger los "berrinches” que tenía al principio.


Pingo era un monito con autismo, era un monito “especial” en cuanto que no hacía las cosas de la misma manera que las hacían el resto de los monitos, pero Pingo había logrado superar la barrera del contacto físico: ¡¡¡descubrió los mimos, las cosquillas, los abrazos, los besos….y le encantaban!!!. 


¿Qué hará Pingo cuándo sea mayor?: vosotros creéis que merece la pena pensar en ello. Nadie sabe lo que le va a ocurrir a nadie así que lo mejor es vivir el día a día y disfrutar de los pequeños avances de Pingo, de sus sonrisas, de sus miradas cada vez cargadas de más picardía, de sus besos y achuchones.


De acuerdo, Pingo tiene “autismo” y eso le hace “especial” en cuanto que es diferente al resto de los monitos de su edad….pero ¿sabéis lo más importante de todo?: Pingo ha conseguido ser plenamente feliz y la felicidad de un monito, tenga autismo o no, es lo que más importa y más orgullece a sus papis.


Kunga y Pungo no volvieron a pensar en lo que podrá ocurrir dentro de dos, tres, cinco, diez años ...Kunga y Pungo viven el día a día de su hijo, al igual que viven el día a día de sus otras cuatro hijitas y de esta manera han conseguido ser felices y vivir sin angustia.


¡Tenemos que aprender de Kunga y Pungo!; disfrutemos de los pequeños avances de nuestros hijos autistas sin pensar en la semana que viene. Tenemos que conseguir que nuestros hijos sean felices con su “ especial” particularidad y que no se sientan rechazados ni tristes.




Reivindiquemos la felicidad de todos los niños: “especiales” porque, aunque sean diferentes, eso no les convierte en peores. En ocasiones, el valor reside en las diferencias.

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