Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene 19 años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón...Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz...
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?... ¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?... Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

lunes, 27 de junio de 2016

"JULIA...¡HA MADURADO!" (M.A.M.)

Puedo afirmar con rotundidad que Julia...¡ha madurado!.

El pasado martes, estuvimos toda la tarde comprando ropa en una gran superficie; entramos en varios probadores; obviamente, se probó ropa y, salvo en una ocasión...¡tuvo un comportamiento genial!.

La suerte que tengo con Julia es que ella prima la comodidad por encima de todo, así que básicamente su armario de verano se compone de bermudas y camisetas. Tiene alguna que otra falda pero...¡tendríais que ver cómo se sienta!.

En Primark tuve que dejarla sola en el probador porque había cogido una talla pequeña de pantalones; le comenté a la encargada, que se ocupa de controlar las prendas que introduces, que salía un momento a hacer un cambio y que dejaba a mi hija sola:

- Por favor, tiene autismo no verbal...se lo comento por si escucha algún grito o sale en ropa interior;
yo voy a tardar 30 segundos.

- Lo siento, no puedo hacerme responsable de nadie.

- No estoy pidiéndole que se haga responsable, solamente le aviso para que no se asuste.

- Pues usted no tarde.

- En 30 segundos estoy de regreso.

Ya podéis imaginarme realizando un "sprint" por la tienda cambiando los cuatro bermudas que llevaba...eso sí, batí mi propio récord.

Sí hubo algo que me llamó muy gratamente la atención y es que, en Decathlon, le probé unas sandalias que, a simple vista, parecían muy cómodas y eran monísimas, pero no hubo manera de que las aceptara. Conseguí que se las pusiera, pero no dejaba de "decir": "o" que habréis adivinado, significa "no". Desconozco si el motivo fue que no le gustaron estéticamente, algo que dudo muchísimo, o, simplemente, no le resultaban cómodas. En la misma tienda también tuvimos una pequeña protesta probando bañadores pero...¡nada comparado a lo de hace unos años!.

Y hoy...¡a la playa!.

Lógicamente, la gente mira porque ven a una madre ayudar a desvestirse a una persona ya adulta, a quien tiene que echarle crema, estirar la toalla, limpiarle de arena, volver a vestirla (Julia no sabe abrochar un pantalón y mucho menos un cinturón; tampoco controla el derecho y el revés de una prenda y le cuesta mucho darle la vuelta; y le resulta imposible, eliminar la arena que tiene pegada a su cuerpo con una toalla...aquí el problema de psicomotricidad fina es enorme).

Pero, salvando esos momentos, estuvimos paseando, tomando el sol, bañándonos y su comportamiento fue muy bueno. Uno de los problemas que más me agobian en las playas y en las piscinas es el tema del pis. En las piscinas, cada cierto tiempo le pregunto si quiere ir al baño pero...¿y en la playa?. Esta tarde, en uno de nuestros paseos, noté que quería acercarse al agua; el problema es que estábamos en una zona en la que el baño no está permitido pero, tal vez eso, me libró del único problema que hubiese podido tener. En la orilla, sin ningún tipo de disimulo, hizo pis. ¡Imaginad si lo hace al otro lado de la playa, donde está toda la gente...!. Estas cosas son las que aún me superan, su falta de pudor que, si bien es maravilloso en algunas ocasiones, en otras es terriblemente embarazoso.

Y de regreso a casa, decidí pasar nuevamente por Decathlon para comprarle un nuevo bañador. Aquí sí se comportó como una campeona. Mientras estábamos haciendo la cola para pagar, señaló ¡pero no cogió! una caja de barritas de cereales; lógicamente, me hice con una y esperó, pacientemente, a que llegase la hora de pagar. Pero es más, junto a la cajera, había una caja de deliciosas chocolatinas que señaló con el dedo; solamente le dije:

- Julia, va a comer ahora unas barritas de cereales; la chocolatina no la compro.

Lo aceptó sin ningún tipo de problema y os puedo asegurar que hace años sus gritos se hubiese oído en el aparcamiento.

De regreso a casa he estado reflexionando. Julia ha madurado, por supuesto, pero yo también. Estoy empezando a ser inmune a las miradas. Tal vez, y sé que puede sonar duro, el hecho de que ahora sea evidente que Julia es una persona con algún tipo de problema que la gente no sabría definir, me ayuda a estar más relajada. Cuando era pequeña, físicamente era perfecta, pero su comportamiento no casaba con esa perfección. Aunque, he de decir que, antes de subir a casa, pasé por la farmacia de siempre y...había un farmacéutico nuevo que no conocía a Julia y preguntó:

-¿Vienen las dos juntas?.

Así que, tal vez, no sea un problema de su físico, característico de muchas personas con autismo que toman medicación ( Julia es grande, fuerte, le sobran bastantes kilos ), sino de nuestra mutua maduración.

Quiero tener la esperanza de que este verano va a ser relajado.


1 comentario:

  1. La "madurez" en una persona con autismo es un proceso sumamente lento. Muchas de estas personas (ojo, no todas) llegan aun al extremo de no madurar.

    ResponderEliminar