Esta mañana, Julia se levantó tranquila, mimosa, adorable...Durante todo el camino hasta la parada del autocar estuvo dándome besos, uno tras otro, seguido de una maravillosa sonrisa. Todo presagiaba un día tranquilo exentos de sustos.
Pues bien, acabo de recibir la llamada de su profesora, un encanto de mujer y una excelente profesional. Me ha dicho que Julia ha tenido ya dos episodios violentos en los que se ha autolesionado hasta herirse en una mano, sin ningún motivo aparente que los haya desencadenado.
El miércoles de la semana que viene tengo cita con su psiquiatra y ¿sabéis lo más desesperante?: no encuentran una solución que no pase por una medicación muy agresiva con unos caóticos efectos secundarios.
Parece ser que toda persona diagnosticada dentro del Trastorno de Espectro Autista esta abocada a tomar la indeseable "Risperidona", perteneciente a una clase de medicamentos llamados antipsicóticos que actúa modificando la actividad de ciertas sustancias naturales en el cerebro. Sus efectos secundarios son, además de nefastos, incuestionables. Julia ha estado tomándolo durante varios años hasta que dije "¡basta!"; me niego a que mi hija esté destinada a tomar de por vida un medicamento que no ha solucionado ninguno de sus problemas.
Intento ponerme en su lugar y ¡entiendo tan bien esas crisis de ansiedad!. Julia tiene un C,I, elevado pero no le sirve de nada porque las áreas que tiene más desarrolladas no resultan válidas a la hora de buscar soluciones a sus problemas cotidianos. ¿Para que le sirve tener una extraordinaria memoria visual si luego es incapaz de canalizar sus emociones?.
Julia vive en un mundo que no entiende, habitado por personas que no entienden a Julia. Es un círculo vicioso, pernicioso, odioso.
Mi hija es presa de un cerebro que funciona de un modo atípico y que no tiene cabida en el mundo "normal".
Hay días, como hoy, en los que me siento en un "callejón sin salida". No sé cómo puedo ayudar a mi hija, salvo utilizando las herramientas que, a día de hoy, han dado un buen resultado; recibirla con una enorme sonrisa, abrazarla con amor y comerla a besos. Creo firmemente que, en muchos casos, el amor es la única medicina válida para superar ciertas crisis puntuales pero...¡ojalá el amor fuera capaz de curar este gran desconocido que es el Autismo!.

En la fotografía, Julia de niña, con esa maravillosa sonrisa que siempre ha iluminado a quienes convivimos con ella.
Mucho animo guapa un dia esta mal otro dia un poco mejor,tienes que seguir recibiendola con una dosis alta de mimos le vendra bien a las dos,no aceptes ese medicamento para tu hija las consecuencias son inreversibles.
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