Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene 19 años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón...Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz...
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?... ¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?... Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

viernes, 14 de octubre de 2016

"REUNIÓN EN EL COLEGIO DE JULIA" (M.A.M.)

Ayer asistí a la reunión que se celebra en el colegio de Julia, cada mes de octubre. Esta vez asistimos los padres de EBO II y TVA,

Estas visitas, que son absolutamente necesarias se convierten para mí en una sucesión, sin pausa, de "bofetones de realidad",

Ya el vídeo que pusieron, tras la charla en la que directora del centro y la presidenta del AMPA nos pusieron al día de los acontecimientos "menos personales", provocó en mí una enorme desazón. Se sucedían imágenes de algunos compañeros de Julia, entre los que está incluida mi hija, por los que parece que no pasa el tiempo, salvo porque crecen en altura. Siguen siendo "niños" de 17, 18, 19 años. No dudo que en Julia que se han producido algunos avances pero, son tan pequeños, que pasan desapercibidos bajo las capas y capas que ocupa su autismo.

Además este año, ha pasado al ciclo superior, al ciclo en el que se supone se prepara para la transición a una vida adulta lo más independiente que sea posible. Por eso, además de mantener las horas de trabajo en el aula, ahora colabora en tres talleres: de carpintería y encuadernación, de jardinería y de cuidado del hogar. Pero soy realista. Julia no sabe atarse los cordones de sus zapatillas, algo que para mí tiene algo de simbólico. Necesita de mi ayuda para prácticamente todo, depende de mí, así que fríamente me digo que estos tres años debo tomarlos como un tiempo extraordinario en el que aún permanece en un colegio en el que es querida y está segura. Porque sé que Julia nunca podrá desarrollar un trabajo y no porque yo sea pesimista, sino porque soy absolutamente realista.

El curso que viene, mi otra hija Celia empieza la universidad. Quiere estudiar Biotecnología, le gusta investigar. Ya tiene decidido que tras finalizar sus estudios se irá a vivir fuera de España. Adora Holanda. Esta noche ha quedado con sus amigas. Van a un concierto. Estoy segura de que disfrutará, se reirá, bailará.

Sé que no debo comparar...que las comparaciones son odiosas, máxime cuando quiero con la misma intensidad a mis dos hijas pero, ¿entendéis ahora
por qué odio el autismo?...sobre todo el autismo que me ha tocado vivir, el de mi hija Julia, ese que no le deja hablar, que ha reducido su mundo hasta hacerlo mínimo y, lo que es peor, sin muchas posibilidades de agrandarlo. Cuando una persona con autismo ya ha cumplido 18 años, es muy difícil, por no decir imposible, que se produzcan nuevos avances. Saber que el paso de Julia por este nuevo ciclo de Transición a la Vida Adulta no deja de ser un mero trámite me resulta muy doloroso, ya ni tan siquiera frustrante , sino doloroso.

Como siempre, tengo que agradecer el maravilloso trabajo de todos los profesionales que pasan horas y horas con mi hija. Contemplar el espontáneo abrazo que Julia le dio a su tutora para mí fue el mejor regalo del día de ayer.

                                               

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