Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene 19 años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón...Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz...
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?... ¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?... Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

domingo, 23 de octubre de 2016

"MI CASA...UN MONASTERIO BUDISTA" (M.A.M.)

Para aquellas personas que no convivan con una persona con autismo no verbal, puede resultarles paradójico lo que voy a decir pero, este fin de semana que estamos solas Celia y yo porque Julia está con su padre, puedo asegurar que mi casa es lo más parecido que pueda existir a un monasterio budista.

Silencio absoluto.

Si ya Celia es de por sí poco habladora, responsable y muy exigente, unamos sus diecisiete años y el agobio que le produce estar en segundo de Bachillerato, en plena primera evaluación, enfrentándose a exámenes en los que tiene que sacar la máxima nota posible y sin saber qué ocurrirá en mayo con la prueba de acceso a la Universidad.

Apenas la veo.

Julia "llena" la casa en cuanto entra por la puerta. Música a todo volumen..."Julia baja la música"...corriendo sin parar, entrando en el salón, como una exhalación para, seguidamente, tirarse "en plancha" en el sofá..."Julia, no hagas eso"...esperando el más mínimo descuido para acceder a la cocina y comer lo que encuentre a mano..."Julia, ¿cuántas veces te he dicho que no se puede comer tanto pan de molde"...o chorizo...o pizza...o lo que sea...abriendo su ventana, haciendo chocar una de sus hojas contra la pared, porque le gusta el ruido que hace, una y otra vez..."Julia, ya te he dicho que no se hace eso; vas a romper el cristal"...tirando, sistemáticamente, uno de los juguetes que comparte con nuestro perro, por la ventana..."Julia, ¡ya está bien de tirar el pato al patio!".

Celia, por supuesto, es absolutamente independiente. Solamente saca su "niña" cuando hay pollo asado..."mami, ¿puedes quitarle los huesos y la piel?, me da un poco de asquito"...cuando quiere que le planche alguna prenda especial...cuando tiene que imprimir unos apuntes que tiene en su "pendrive"...cuando necesita algo específico del supermercado y, sobre todo, cuando quiere salir con sus amigas...el mismo "mami", sus enormes ojos aún más grandes si cabe, el dulcificado tono de su voz que, puedo asegurar, tiene mucho más grave que yo.

Julia, aunque en casa tiene una cierta autonomía y no usamos deade hace mucho tiempo los "pictos" porque la rutina está muy establecida, tengo que ayudarla en todo. Aunque su nivel de comprensión es bueno y cuando le digo que hay que ducharse ya va directa al cuarto de baño, debo ducharla y secarla...lo mismo pasa con la limpieza de sus dientes, con su higiene íntima, con su pelo, a la hora de vestirla y calzarla...podría seguir y seguir...

Pues eso...este fin de semana, mi casa es lo más parecido a un monasterio budista en el que los monjes parecen haber hecho voto de silencio. Y me odio por momentos, porque me gusta este silencio y esta sensación de desconexión total. Pero, he llegado a un punto en el que ya valoro estos dos fines de semana al mes que Julia está con su padre. Han sido dispuestos por un juez y soy consciente de que los necesito para poder seguir adelante. En este aspecto, mi Pepito Grillo ha dejado de tocar las narices.

La foto es de este verano...la época en la que Julia y Celia están más unidas...


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