Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene 19 años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón...Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz...
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?... ¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?... Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

sábado, 22 de agosto de 2015

"Divorcio, verano, autismo" (M.A.M.)

Los que me conocéis desde hace tiempo ya sabéis que estoy divorciada desde 2010 del padre de mis dos hijas, Julia y Celia, de 17 y 16 años respectivamente.

Hoy se cumple una semana desde que me despedí de ellas pues la segunda quincena de agosto es su padre quien se encuentra con ellas y...siempre me asalta la misma duda: Julia, desde su autismo ¿es capaz de comprender el por qué de mi ausencia?.

Es evidente que Celia lo entiende y lo asume como parte de su vida, es más, hace media hora he hablado con ella por teléfono y me ha dicho que están muy bien, tanto ella como Julia. Me ha tranquilizado diciéndome que no me echan de menos pero ella habla desde su propia perspectiva aunque supongo que ver a su hermana sonreír le ayudará a ratificar dicha afirmación.

Siempre me pasa lo mismo, unos días antes de la despedida lo paso realmente mal asaltada por las mismas dudas: ¿cuándo Julia me ve marchar entiende la situación?, ¿tiene desarrollado el sentido de tiempo y de la distancia?, ¿echa de menos mi presencia?.

Una vez que me he marchado logro desconectar y relajarme algo que me provoca una importante contradicción interna: ¿soy mala madre por disfrutar de estos días alejada del estrés cotidiano que supone vivir en alerta prácticamente las 24 horas del día?.

Intento analizar fríamente la situación y me digo que, tanto a Julia como a Celia, les viene muy bien convivir estos días con su padre. Aunque intentamos mantener unas lineas educativas similares, él y yo somos muy diferente y quiero pensar que esas mismas diferencias enriquecen a nuestras hijas.

Si bien los cambios a un niño con autismo "estándar" le supone un incremento de su estrés, a Julia ¡le encantan!...siempre ha sido muy curiosa. Pienso también que es muy positivo que cambie el referente adulto que la "controla". Obviamente, el peso del día a día lo llevo yo, peros estos días que pasa con su padre creo que le benefician en cuanto que cambia de hábitos de todo tipo, desde la alimentación hasta el entretenimiento o su forma de dormir.

En fin, esta es mi reflexión del día al cumplirse justo una semana desde que me despedí de mis hijas.

No he intentado realizar una profunda disquisición sobre la influencia que un divorcio puede tener sobre los hijos, ya sean "especiales" o no...cuando una pareja decide poner fin a su relación es porque la convivencia se ha hecho imposible y siempre he pensado que mis hijas han salido beneficiadas desde que su padre y yo decidimos poner fin a nuestro matrimonio. Si hay algo que deseo dejar claro es que el autismo de nuestra hija Julia no fue en absoluto la causa del desgaste de nuestra vida en pareja.

Al desaparecer el nerviosismo, la tensión, las fricciones que se dan en una pareja que ya no puede convivir, como era nuestro caso, y ser cambiado por un ambiente más tranquilo, sosegado, equilibrado, tanto Julia como Celia han salido beneficiadas. ¿Sería su día a día mejor si el divorcio no hubiese llegado a sus vidas?...es algo que ni tan siquiera quiero plantearme.

De lo que si estoy segura es que mis dos hijas son felices y, mientras tanto, yo intentaré disfrutar pues sé que están en buenas manos.





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