Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene 19 años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón...Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz...
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?... ¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?... Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

jueves, 28 de agosto de 2014

"Doble Ciego: Un mundo donde la teleología es inexistente"

Es la primera vez que leo un artículo en el que vinculan el ateísmo y la teleología con el autismo. No sé hasta que punto esta afirmación responde a unos parámetros científicos que puedan ser explicables a través del empirismo, pero al  menos, se sale de los parámetros estándares con los que se suele estudiar el Trastorno de Espectro Autista. Esa es la razón por la que recomiendo su lectura...su originalidad.

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Existen varios estudios que vinculan al ateísmo con una inteligencia superior, algunas veces hasta distinta. Es interesante porque en ocasiones el mismo estudio suscita distintas interpretaciones; dentro de ese aspecto, el ateísmo y el autismo también han sido vinculados en varias investigaciones.
Por ejemplo, en 2002, Jesse Bering estudió relatos autobiográficos escritos por personas con autismo pero con una alta capacidad de funcionamiento y encontró que describían a dios como un principio y no como una persona, este principio proporciona orden pero está desligado de los asuntos humanos.
“Es un dios para el intelecto, no para las emociones”, escribe el psicólogo Matthew Hutson en el diario Psychology Today. “Hay descripciones, por ejemplo, donde Dios es como el enredo de millones de partículas que interactúan. A veces me encuentro con personas con autismo que son religiosas, sin embargo, su motivación es impulsada más por la normativa del sistema en la teología que por el antropomorfismo”.
Sin embargo, es posible ver la actuación intensa de la lógica como motivo para la no creencia más que la ausencia de una teoría de la mente. ¿O es que usar la lógica conlleva al detrimento en las relaciones sociales? ¿Querría eso decir entonces que mantener buenas relaciones sociales es malo para la lógica y no permite el desarrollo del ateísmo en ese individuo tan social?
“Cuando la gente ve un evento como una intervención divina, o el resultado de un diseño inteligente, es posible que sus prejuicios teleológicos estén fuera de control pues atribuyen efectos donde no los hay. La científica Bethany Heywood indica que hasta los ateos tienden a decir que ciertas cosas acontecieron ‘por una razón’, por ejemplo, como enseñarles una lección. Sin embargo, los individuos con Asperger dan menos respuestas teleológicas”, escribe Hutson.
Ciertamente, entre las notas en el estudio de Bering, autistas e individuos con Asperger explicaban un mundo donde la teleología era inexistente, no imaginaban por qué las cosas debían de ser creadas por algún motivo especial.
Nos preguntamos entonces, ¿concebir que un dios creó a la especie es más un problema de lógica que de empatía? ¿Quiere eso decir entonces que ambas están vinculadas? El problema comienza en eso de ponerse en los zapatos del otro ya que al hacerlo, podrías terminar actuando de una forma completamente distinta al dueño de los zapatos.
“Es una lógica defectuosa. Más que nada porque no es inusual la incapacidad de comprender al otro. Hay hasta libros que dicen que un sexo es de Marte y el otro de Venus. Si la población en general es tan buena acertando sobre lo que hay en la mente del otro, ¿por qué necesita tanto entrenamiento para satisfacer las necesidades de los demás?
La realidad del asunto es que todas las personas son diferentes en sus necesidades, e incluso los ‘normales’, o como preferimos llamarlos, los neurotípicos, parecen tener dificultades para comprender todas estas diferencias. Así que, ¿dónde está la línea que separa lo ‘normal’ de la ‘ceguera mental’?”, expresó Lynne Soraya, autora del Diario de Asperger y seleccionada en el año 2011 como una de las 50 personas autistas más inspiradoras en Estados Unidos.
De hecho, ¿por qué pensar que esa capacidad distinta debe considerarse una enfermedad aún cuando no hay evidencias de efectos nocivos? ¿Por qué ese vínculo con el ateísmo debe referirse a la ausencia de algo y no al uso de otra habilidad como la lógica?
Resulta que existe un estudio elaborado en la Universidad Case Western Reserve, en Ohio, Estados Unidos, que muestra que la activación de la red neuronal que nos permite sentir empatía por otros suprime a la red utilizada para el análisis; de la misma forma, cuando la red analítica se enciende, nuestra capacidad de apreciar el costo humano es suprimida. En otras palabras, no podemos caminar y masticar chicle al mismo tiempo; tenemos una limitación en la función neuronal que nos impide ser empáticos y analíticos simultáneamente.

Glenys Álvarez

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