Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene 19 años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón...Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz...
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?... ¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?... Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

viernes, 20 de marzo de 2015

"Pido Perdón" (M.A.M.)

Como casi todos los días, he bajado a mi perro a un parque que hay junto a mi casa y hoy he hecho lo que no soporto que hagan algunas personas con Julia...y conmigo.

Ya me había fijado otras veces en ellas; son una madre y una hija, ambas mayores y solas, muy solas.

Desconozco el problema que tiene la más joven pero resulta obvio que "algo" no funciona con normalidad...se trata de una persona adulta "especial".

A medida que me aproximaba al parque un lamento continuo, sin descanso, iba haciéndose más elevado. Y no pude evitarlo: miré de soslayo y mi mirada fue de curiosidad pero me temo que también que iba acompañada de indiscreción e intromisión.
                                                      
No podía retirar mi mirada de aquella madre y su hija que no cesaba de quejarse en una especie de llanto constante, incesante, persistente que tanto me recordó a las "albórbolas", esos gritos acompasados que cantan las mujeres bereberes...Y sentí pena por ambas, pero sobre todo por la madre. No puedo eliminar de mi mente la imagen de terrible soledad.

Debo acusarme de haber hecho lo que yo no soporto que nos hagan a Julia y a mí. Creo que jamás llegaré a superaré las miradas indiscretas de asombro, incredulidad... pero hoy yo he pasado al otro bando...al de los que observan y me odio por ello. Aunque en mi mirada, puedo asegurarlo, no había ni un atisbo de juicio, de menosprecio, de desdén, de desconsideración porque, en el fondo, me sentí plenamente identificada con esa madre.

Me hubiera gustado pedirle perdón a esa muyer, ya mayor,  que con tanta dignidad estaba junto a su hija...pero no pude...sentí vergüenza de mí misma.

Desde aquí digo "Perdón".


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