Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene 19 años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón...Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz...
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?... ¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?... Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Visita feliz al Colegio de Julia

Hoy tuve una cita con la tutora de Julia, María José, y con su logopeda Nuria, en el Colegio de Educación Especial al que asiste desde hace dos cursos. En septiembre empezó su tercer curso en el centro.

Me parecieron grandes profesionales porque emanaban alegría, amor por su trabajo, positivismo.

Recuerdo perfectamente, cuán diferentes eran las reuniones en el colegio concertado de integración al que acudió hasta 2º de primaria, inclusive. Recuerdo perfectamente que para mí, saber que tenía una cita con el psicólogo del centro, era una tortura anticipada. Creo que salvo en un par de ocasiones, logré salir de una de esas reuniones sin llorar.

Cada vez estoy más convencida de que la integración no existe. Hablo desde la experiencia que te da tener una hija con Trastorno de Espectro Autista de 15 años, pero puedo afirmar que en el citado anterior colegio ovetense Julia era un estorbo del cuál querían deshacerse...pero ¡claro! es demasiado golosa la ayuda económica que aportaba la Consejería de Educación por cada alumno de integración matriculado.

Luego estuvimos en lo que yo denomino una etapa de transición que sin embargo obligó a un cambio de vida radical en la familia. De vivir en Oviedo, debimos mudarnos a Pola de Siero, a uno colegio público con un profesor de apoyo excepcional que, al menos, consiguió, que Julia aguantase sentada todas las horas de clase sin protestar.

Cuando a Julia le tocó el paso al instituto, fuimos su padre y yo los que planteamos su matriculación en el Colegio de Educación Especial...¡¡¡si supieseis lo que me arrepentí de no haber llevado a Julia desde el principio a ese centro!!!.

Ningún niño es "especial" o, por el contrario, todos son " especiales". Los profesionales que trabajan con ellos día a día están especializados en el trato con estos niños que se merecen una educación como el resto de los niños y adolescentes pero adaptada a sus necesidades.

Julia acude feliz a ese colegio en el que la sonrisa es la constante en las caras de los profesores.

Maria José, la tutora de Julia, hablaba con tal entusiasmo de su trabajo, que lograbas olvidar por un momento que las dificultades que presenta cada niño son incontables.

Tanto ella como Nuria me explicaron la metodología que utilizan con Julia en el día a día y es tal alegría con la que te lo cuentan que es imposible salir de aquel colegio con el ánimo por los suelos, como me ocurría en Oviedo e, incluso, en ocasiones, en Pola de Siero. Por el contrario...yo me despedí sabiendo que dejaba a mi hija en las mejores manos posibles.

Gracias María José, graciás Nuria por vuestra sonrisa...ha sido un regalo inesperado y como tal, muy agradable de recibir.
Julia, sabes que siempre voy a estar ahí para abrochar tus zapatillas...ahora también sé que hay profesionales como María José y Nuria, que no solamente de las abrocharán sino que te enseñarán a hacerlo...algo que yo no he conseguido.

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