Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene 19 años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón...Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz...
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?... ¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?... Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

miércoles, 6 de marzo de 2013

El ácido fólico: una vitamina que reduce la incidencia del autismo


¡En fin!...más de lo mismo. Tanto durante el embarazo de Julia como durante el embarazo de Celia tomé, en las dosis recomendadas por mi tocólogo, ácido fólico. Julia tiene autismo...Celia no tiene autismo.

Sigo pensando que todas las investigaciones que se están realizando sobre el autismo no son más que "palos de ciego".

El autismo debería estar incluída entre las "enfermedades raras" porque, a pesar de la elevada incidencia que tiene en la sociedad actual, a día de hoy solamente se conoce la punta del gran iceberg.

Cada niño es un caso en sí mismo...es por eso que el gran iceberg permanece bajo el océano de la ignorancia.







Las mujeres que toman suplementos de ácido fólico cuatro semanas antes de quedar embarazadas y durante los dos primeros meses de la gestación podrían reducir hasta 40% las probabilidades de que sus hijos desarrollen autismo.

Así lo señala un estudio publicado en la revista Journal of the American Medical Association, en su edición del 13 de febrero de 2013.
Los trastornos del espectro autista (TEA) incluyen un grupo de alteraciones complejas del desarrollo neurológico que pueden causar problemas de socialización, dificultades del lenguaje, la comunicación y patrones restringidos, repetitivos y esteriotipados de comportamiento, además de perturbaciones de la conducta alimentaria.
El trastorno autista, también conocido como autismo clásico, representa la forma más grave de las afecciones del espectro, mientras que las condiciones más leves incluyen el síndrome de Asperger y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado (“Pervasive Developmental Disorder not otherwise specified” o PDD-NOS) también llamado autismo atípico.
Los trastornos del espectro autista pueden presentarse en todos los grupos étnicos y socioeconómicos. Los varones tienen cuatro veces más probabilidades de presentar alguna de estas afecciones, en comparación con las niñas.
El último reporte de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) estima que 1 de cada 88 niños en los EE.UU. desarrollará alguna de las condiciones del espectro autista, y, según los expertos, esta prevalencia tiene una tendencia al alza.
Aun cuando el papel etiológico de los genes en el autismo ha sido ampliamente aceptado, investigaciones recientes sugieren que otros factores como la edad de los padres, la exposición prenatal a ciertos medicamentos, drogas e infecciones podrían estar asociados al aumento de la incidencia de esta afección.
Por ejemplo, se ha observado en estudios realizados en gemelos idénticos, aquellos que presentan el mismo genoma, una concordancia menor de 100% en el desarrollo de la afección. En otras palabras, uno de los gemelos podría desarrollar el trastorno autista, mientras que el otro podría no presentar síntomas de la enfermedad, lo cual sugiere múltiples interacciones entre los genes y los factores ambientales.
Debido al gran interés que ha despertado la investigación de los factores de riesgo prenatal en el desarrollo de los trastornos del espectro autista, un grupo de investigadores del departamento de epidemiología del Instituto de Salud Pública de Oslo, en Noruega, les hicieron seguimiento a 85.176 niños nacidos entre 2002 y 2008 y a sus madres.
Los autores estudiaron a las mujeres que ingerían suplementos de ácido fólico, a una dosis entre 200 y 400 microgramos por día, desde 4 semanas antes de quedar embarazadas hasta 8 semanas después de la concepción, con la finalidad de evaluar la incidencia de trastornos del espectro autista en sus hijos. Al finalizar el período de observación en 2012, los niños tenían una edad promedio de 6.4 años.
Durante un promedio de seis años de seguimiento, 270 niños fueron diagnosticados con trastornos del espectro autista, de los cuales 114 presentaron autismo, 56 desarrollaron síndrome de Asperger y 100 fueron incluidos en la categoría de trastorno generalizado del desarrollo no especificado.
La incidencia de autismo fue de 0,21% entre los hijos de las madres que no habían tomado ácido fólico, cuatro semanas antes de su embarazo y en las primeras ocho de la gestación. En cambio, los niños de las madres que habían ingerido los suplementos, durante ese período de tiempo, la incidencia del trastorno autista se redujo a 0,10%, lo cual equivale, aproximadamente, a 40% de disminución del riesgo de desarrollar la enfermedad.
Las mujeres que comenzaron a ingerir el ácido fólico después del primer trimestre de gestación no presentaron reducción del riesgo de desarrollar autismo.
Los investigadores observaron que la mayoría de las mujeres que tomaron los suplementos de ácido fólico, durante el período de tiempo recomendado, eran primerizas, tenían un nivel de instrucción media y superior, un índice de masa corporal normal antes del inicio del embarazo y no fumaban.
Por lo tanto, en vista de que la mayoría de estas mujeres tenían un estilo de vida saludable, los investigadores tomaron en cuenta otros factores de la dieta que podrían causar confusión en el análisis estadístico como el consumo de suplementos de aceite de pescado, pero no encontraron asociación entre su ingesta y la reducción del riesgo de autismo.
Por otra parte, los autores no observaron asociación entre el consumo de suplementos de ácido fólico y el riesgo de desarrollar trastornos generalizados del desarrollo no especificado. En cuanto al síndrome de Asperger, el número de casos fue muy pequeño y no permitió reportar resultados significativos.
Una intervención eficiente y económica
El ácido fólico es la versión sintética de la vitamina B9 también llamada folato, que se encuentra en varios vegetales como la espinaca, el brócoli, la coliflor, los espárragos, el repollo, algunas leguminosas como las arvejas y las lentejas, y otros alimentos como la leche, la yema del huevo, la naranja y la papaya.
Por ejemplo, una taza de espinaca cocida sin grasas añadidas tiene 261 microgramos de folato, lo cual representa 65% del porcentaje del valor diario recomendado (RID).Una taza de lentejas cocidas sin grasas añadidas tiene 344 microgramos, 86% del RID, mientras que una taza de arvejas tiene 101 microgramos, 25% del RID. Una naranja contiene 39 microgramos, 10% del RID.
El organismo de los humanos no almacena esta vitamina, por lo tanto hay que ingerirla diariamente. El ácido fólico es un factor clave en la producción y reparación del ADN, igualmente, influye en la división, crecimiento y mantenimiento de las células. Estos mecanismos de acción, según los autores, podrían explicar el efecto protector del ácido fólico en la reducción de la incidencia de autismo.
Estudios previos han demostrado que el folato juega un papel importante en la prevención de los defectos que se producen en las etapas tempranas del desarrollo del tubo neural del feto como por ejemplo: la espina bífida, una malformación que ocurre cuando la columna vertebral del feto no se cierra completamente durante el primer mes de embarazo y la anencefalia, que es la ausencia parcial o total del cerebro, cráneo, y cuero cabelludo.
Es importante recordar que el efecto protector del ácido fólico solo ocurre en las primeras semanas del embarazo.
El estudio que nos ocupa fue realizado en Noruega, donde no existe una ley que obligue a enriquecer ciertos alimentos con ácido fólico. En cambio, en los EE.UU. los granos, cereales, panes y otros productos de la dieta se complementan con esta vitamina desde 1998, después de que varios estudios demostraron que su deficiencia podría aumentar el riesgo de problemas neurológico en los recién nacidos.
Sin embargo, a pesar de que algunos alimentos están fortificados con ácido fólico, las mujeres, usualmente, no obtienen suficiente cantidad de la vitamina, aun cuando consuman una dieta balanceada, ya que, según los autores, solo se absorbe alrededor de la mitad del folato ingerido.
El ácido fólico no es “una píldora mágica”, alertan los expertos. El hecho de que el número de casos de autismo se haya disparado, en las últimas décadas, en muchos países del mundo, muestra la complejidad de las causas de este trastorno, en las que convergen e interactúan factores genéticos y del medio ambiente.
Aun cuando la asociación entre el consumo de ácido fólico y la reducción del riesgo de desarrollar autismo fue muy significativa, el estudio no establece una relación causal.
Igualmente, el editorial que acompaña el estudio señala que “el potencial del suplemento de ácido fólico para reducir el riesgo del trastorno autista es alentador y debería ser confirmado en otras poblaciones”.
Los hallazgos de este estudio plantean una alternativa sencilla, económica y no tóxica que podría reducir el riesgo de desarrollar autismo. Por lo tanto, todas aquellas mujeres que estén considerando quedar embarazadas deberían consumir una dieta balanceada, disminuir la ingesta de alimentos procesados, realizar ejercicio, mantener un peso adecuado, no fumar y comenzar a ingerir suplementos de ácido fólico, al menos, un mes antes de la concepción y continuar su consumo, durante el embarazo, de acuerdo con las indicaciones del obstetra.
Las mujeres que toman suplementos de ácido fólico cuatro semanas antes de quedar embarazadas y durante los dos primeros meses de la gestación podrían reducir hasta 40% las probabilidades de que sus hijos desarrollen autismo.

Así lo señala un estudio publicado en la revista Journal of the American Medical Association, en su edición del 13 de febrero de 2013.
Los trastornos del espectro autista (TEA) incluyen un grupo de alteraciones complejas del desarrollo neurológico que pueden causar problemas de socialización, dificultades del lenguaje, la comunicación y patrones restringidos, repetitivos y esteriotipados de comportamiento, además de perturbaciones de la conducta alimentaria.
El trastorno autista, también conocido como autismo clásico, representa la forma más grave de las afecciones del espectro, mientras que las condiciones más leves incluyen el síndrome de Asperger y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado (“Pervasive Developmental Disorder not otherwise specified” o PDD-NOS) también llamado autismo atípico.
Los trastornos del espectro autista pueden presentarse en todos los grupos étnicos y socioeconómicos. Los varones tienen cuatro veces más probabilidades de presentar alguna de estas afecciones, en comparación con las niñas.
El último reporte de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) estima que 1 de cada 88 niños en los EE.UU. desarrollará alguna de las condiciones del espectro autista, y, según los expertos, esta prevalencia tiene una tendencia al alza.
Aun cuando el papel etiológico de los genes en el autismo ha sido ampliamente aceptado, investigaciones recientes sugieren que otros factores como la edad de los padres, la exposición prenatal a ciertos medicamentos, drogas e infecciones podrían estar asociados al aumento de la incidencia de esta afección.
Por ejemplo, se ha observado en estudios realizados en gemelos idénticos, aquellos que presentan el mismo genoma, una concordancia menor de 100% en el desarrollo de la afección. En otras palabras, uno de los gemelos podría desarrollar el trastorno autista, mientras que el otro podría no presentar síntomas de la enfermedad, lo cual sugiere múltiples interacciones entre los genes y los factores ambientales.
Debido al gran interés que ha despertado la investigación de los factores de riesgo prenatal en el desarrollo de los trastornos del espectro autista, un grupo de investigadores del departamento de epidemiología del Instituto de Salud Pública de Oslo, en Noruega, les hicieron seguimiento a 85.176 niños nacidos entre 2002 y 2008 y a sus madres.
Los autores estudiaron a las mujeres que ingerían suplementos de ácido fólico, a una dosis entre 200 y 400 microgramos por día, desde 4 semanas antes de quedar embarazadas hasta 8 semanas después de la concepción, con la finalidad de evaluar la incidencia de trastornos del espectro autista en sus hijos. Al finalizar el período de observación en 2012, los niños tenían una edad promedio de 6.4 años.
Durante un promedio de seis años de seguimiento, 270 niños fueron diagnosticados con trastornos del espectro autista, de los cuales 114 presentaron autismo, 56 desarrollaron síndrome de Asperger y 100 fueron incluidos en la categoría de trastorno generalizado del desarrollo no especificado.
La incidencia de autismo fue de 0,21% entre los hijos de las madres que no habían tomado ácido fólico, cuatro semanas antes de su embarazo y en las primeras ocho de la gestación. En cambio, los niños de las madres que habían ingerido los suplementos, durante ese período de tiempo, la incidencia del trastorno autista se redujo a 0,10%, lo cual equivale, aproximadamente, a 40% de disminución del riesgo de desarrollar la enfermedad.
Las mujeres que comenzaron a ingerir el ácido fólico después del primer trimestre de gestación no presentaron reducción del riesgo de desarrollar autismo.
Los investigadores observaron que la mayoría de las mujeres que tomaron los suplementos de ácido fólico, durante el período de tiempo recomendado, eran primerizas, tenían un nivel de instrucción media y superior, un índice de masa corporal normal antes del inicio del embarazo y no fumaban.
Por lo tanto, en vista de que la mayoría de estas mujeres tenían un estilo de vida saludable, los investigadores tomaron en cuenta otros factores de la dieta que podrían causar confusión en el análisis estadístico como el consumo de suplementos de aceite de pescado, pero no encontraron asociación entre su ingesta y la reducción del riesgo de autismo.
Por otra parte, los autores no observaron asociación entre el consumo de suplementos de ácido fólico y el riesgo de desarrollar trastornos generalizados del desarrollo no especificado. En cuanto al síndrome de Asperger, el número de casos fue muy pequeño y no permitió reportar resultados significativos.
Una intervención eficiente y económica
El ácido fólico es la versión sintética de la vitamina B9 también llamada folato, que se encuentra en varios vegetales como la espinaca, el brócoli, la coliflor, los espárragos, el repollo, algunas leguminosas como las arvejas y las lentejas, y otros alimentos como la leche, la yema del huevo, la naranja y la papaya.
Por ejemplo, una taza de espinaca cocida sin grasas añadidas tiene 261 microgramos de folato, lo cual representa 65% del porcentaje del valor diario recomendado (RID).Una taza de lentejas cocidas sin grasas añadidas tiene 344 microgramos, 86% del RID, mientras que una taza de arvejas tiene 101 microgramos, 25% del RID. Una naranja contiene 39 microgramos, 10% del RID.
El organismo de los humanos no almacena esta vitamina, por lo tanto hay que ingerirla diariamente. El ácido fólico es un factor clave en la producción y reparación del ADN, igualmente, influye en la división, crecimiento y mantenimiento de las células. Estos mecanismos de acción, según los autores, podrían explicar el efecto protector del ácido fólico en la reducción de la incidencia de autismo.
Estudios previos han demostrado que el folato juega un papel importante en la prevención de los defectos que se producen en las etapas tempranas del desarrollo del tubo neural del feto como por ejemplo: la espina bífida, una malformación que ocurre cuando la columna vertebral del feto no se cierra completamente durante el primer mes de embarazo y la anencefalia, que es la ausencia parcial o total del cerebro, cráneo, y cuero cabelludo.
Es importante recordar que el efecto protector del ácido fólico solo ocurre en las primeras semanas del embarazo.
El estudio que nos ocupa fue realizado en Noruega, donde no existe una ley que obligue a enriquecer ciertos alimentos con ácido fólico. En cambio, en los EE.UU. los granos, cereales, panes y otros productos de la dieta se complementan con esta vitamina desde 1998, después de que varios estudios demostraron que su deficiencia podría aumentar el riesgo de problemas neurológico en los recién nacidos.
Sin embargo, a pesar de que algunos alimentos están fortificados con ácido fólico, las mujeres, usualmente, no obtienen suficiente cantidad de la vitamina, aun cuando consuman una dieta balanceada, ya que, según los autores, solo se absorbe alrededor de la mitad del folato ingerido.
El ácido fólico no es “una píldora mágica”, alertan los expertos. El hecho de que el número de casos de autismo se haya disparado, en las últimas décadas, en muchos países del mundo, muestra la complejidad de las causas de este trastorno, en las que convergen e interactúan factores genéticos y del medio ambiente.
Aun cuando la asociación entre el consumo de ácido fólico y la reducción del riesgo de desarrollar autismo fue muy significativa, el estudio no establece una relación causal.
Igualmente, el editorial que acompaña el estudio señala que “el potencial del suplemento de ácido fólico para reducir el riesgo del trastorno autista es alentador y debería ser confirmado en otras poblaciones”.
Los hallazgos de este estudio plantean una alternativa sencilla, económica y no tóxica que podría reducir el riesgo de desarrollar autismo. Por lo tanto, todas aquellas mujeres que estén considerando quedar embarazadas deberían consumir una dieta balanceada, disminuir la ingesta de alimentos procesados, realizar ejercicio, mantener un peso adecuado, no fumar y comenzar a ingerir suplementos de ácido fólico, al menos, un mes antes de la concepción y continuar su consumo, durante el embarazo, de acuerdo con las indicaciones del obstetra.

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