Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene 19 años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón...Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz...
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?... ¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?... Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

jueves, 16 de abril de 2015

"MI HIJA CELIA...UNA LECCIÓN DE COHERENCIA" (M.A.M.)

El otro día mi hija Celia me dio un involuntario "bofetón de sensatez".

Me gusta mucho hablar con ella. Sus dieciséis años y con ellos, su la adolescencia, le han hecho algo recelosa, cauta, un tanto arisca pero conmigo sigue manteniendo la confianza de siempre. Como ella me dijo textualmente hace unos días, después de la típica bronca entre hija y madre :"mamá no olvides que estoy en una edad muy complicada". Además, debo aceptar que puedo llegar a ser extremadamente pesada. Mi carácter abierto, dialogante, extravertido choca de bruces con las características típicas de la adolescencia.

Ya se que según los libros de pedagogía una madre tiene que ser única y exclusivamente "madre" pero creo que el lograr llegar a ser amiga de tu hija te ayuda a conocerla mucho mejor y te permite acceder a recovecos de su vida que otras madres jamás conseguirán. Puedo asegurar que he alcanzado un punto en el que, sin yo solicitar ningún tipo de información, Celia, de una manera natural, me permite entrar en su mundo, en sus amistades y reconozco que eso ¡me encanta!

En una de esas conversaciones, le confesé que me duele en el alma no poder mantener conversaciones de tú a tú con Julia, desconocer cuáles son sus gustos personales (los deduzco pero no sé si acierto o no) y, sobre todo, siento literalmente como si me abriesen una herida a lo largo de mi espalda, cuando veo la vida social que tiene Celia y la nula relación de amistad de Julia con niñas de su edad.

Celia me contestó que ella no cambiaría de Julia absolutamente nada. Me dijo que siempre la ha conocido así y que no puede imaginarse a su hermana de otra manera.



 -"Mamá, Julia es Julia, cómo es...todo lo que la caracteriza la hace ser una hermana maravillosa y yo no la cambiaría por nadie ni quisiera que cambiase en algo"

Aunque luego reconoció sentir cierta "vergüenza ajena" cuando por ejemplo acudimos a la piscina o a un centro comercial, a una playa o a un restaurante y Julia se convierte en el centro de atención debido a sus extravagantes juegos o sus anticonvencionales comportamientos

Obviamente, Celia, desde sus dieciséis años, no se plantea un futuro a largo plazo; no piensa en las dificultades que va a tener su hermana cuando entre en la vida adulta.

Le pregunté si sus amigas sabían que Julia estaba diagnosticada de "Trastorno de Espectro Autista" y me contestó que sí, pero que no había sabido explicarles muy bien de qué se trataba:

-"Solo les dije que, aunque es muy lista, no puede hablar, y que no le gustan las mismas cosas que nos gustan a nosotras...y eso no es malo; ser diferente no es algo negativo, simplemente tiene unos comportamientos que la alejan de nuestra forma de pasarlo bien, pero que ella se divierte a su manera".

Ante tal aseveración no pude añadir absolutamente nada, pues tenía razón. ¿Por qué tenemos que obligar a las personas "especiales" que se adapten a nuestro modo de vida y, sin embargo, no pedimos a las personas "normales" que sean ellas las que entren en su mundo "mágico?.

Ser diferente no es malo, es enriquecedor, sobre todo para las personas que viven con esa persona a la que quieren con locura.

Vuelvo a repetir lo que indico al inicio de mi blog:

- "Mi hija Julia tiene 17 años y padece TEA, o lo que es lo mismo, Trastorno de Espectro Autista. Usted es gord@, usted es calv@, usted es demasiado alt@, usted lleva gafas, usted usa bastón; tu tienes acné, a ti te está cambiando la voz....¿es acaso mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?, ¿acaso cuchicheo ante tu poblada cara llega de granos o tu atiplada voz?...
Pues entones no miren a mi hija con lástima o reprobación, no se lo merece y los que la queremos tampoco.

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