Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene 19 años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón...Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz...
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?... ¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?... Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

martes, 23 de diciembre de 2014

Celia y las estrellas (M.A.M.)


Hoy, un día antes de la cena de Nochebuena, me he acordado de una de las personas más importantes de mi vida y a la que siempre he querido y querré muchísimo: mi padre, un ser extraordinario que se fue hace ya dieciocho largos años pero que, desde donde esté, sé que me cuida y protege. No pasa ni un solo día en el que no piense en él y...bueno, siempre se ha dicho que nadie muere mientras haya alguien que le recuerde.

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    Celia es una niña de grandes ojos verdes, una nariz pequeñita enmarcada por innumerables pecas y una maravillosa sonrisa que siempre la acompaña. A pesar de su corta edad, pues acaba de cumplir cinco años, siempre ha mostrado una constante en su rutina diaria que nadie conoce. Su mamá o su papá, tras acostarla, arroparla y darle un montón de besos de buenas noches, apagan la luz y cierran la puerta de su habitación. Es entonces cuando Celia se levanta de su cama, sube lentamente la persiana de la ventana de su cuarto y comienza a hablar con las estrellas…si, habéis leído bien, Celia habla con las estrellas y éstas le contestan. Mantienen largas conversaciones, sobre todo con Venus que, vaaaaaaaaaaaaale, no es una estrella, pero en el cielo, por la noche ilumina tanto como una de ellas.

Hace un año Celia vivió una experiencia terrible para una niña de tan corta edad. “Rebeca”, su gata, con la que había dormido desde que llegó del hospital tras su nacimiento, se puso muy malita y una noche se durmió y ya no despertó nunca más. La mamá de Celia le contó que “Rebeca” era ya muy viejecita y que no se había despertado porque había muerto. Celia, enfadada, comenzó a llorar, no solo por la tristeza que le provocaba la muerte de su querida gata, sino por no saber qué significaba morirse y, sobre todo, por la negativa de su madre a explicárselo.

- Y ahora, ¿qué va a pasar con “Rebeca”?. Al menos, podrá seguir durmiendo conmigo aunque  se haya muerto.

-  No corazón. Papí la ha envuelto en su mantita y se la ha llevado a un sitio donde va a estar muy bien, acompañada de su mamá gata, su papá gato, sus her.manitos gatitos y todos los amiguitos que se murieron antes que ella.

-   ¿Y dónde está ese sitio, mami?.

-   En el cielo.
Fue entonces cuando Celia se enfadó de verdad y llorando de rabia dijo que eso era imposible.
-   Celia, ¿tú crees que mami te contaría una mentira?

-   Pero mamá, si lo estás haciendo ahora. Te voy a contar una cosa que no sabes porque siempre lo he hecho cuando tú o papí me dais el beso de buenas noches. Tras cerrar la puerta, abro mi ventana y hablo con las estrellas, todas ellas son mis amigas, pero la mejor, la mejor es una que se llama Venus, que no es una estrella, pero brilla tanto como una de ellas y es la que está más cerca de casa y nunca, nunca me han hablado de ningún sitio en el cielo donde vivan los gatos que se mueren…y te aseguro, que de existir, me lo habría dicho.

-¿Cómo que hablas con las estrellas?.

-  Pues eso, mamá, hablo con ellas igual que tú hablas con Lucía, mi profesora del cole o con Manolo, el conductor del autocar.

-  ¿Sabes lo que ha podido suceder?. Quizás no te lo han contado nunca porque, cuando se muere alguien a quien quieres mucho como se va al cielo y no vuelves a verlo, produce mucha tristeza y no querrían explicártelo por esa razón. ¿Ellas, las estrellas, sabían que “Rebeca” era muy viejecita?.

-  No, nunca se lo conté porque yo tampoco lo sabía. Cuando vine a vivir a esta casa, ella ya estaba aquí y vosotros nunca me dijisteis los años que tenía. Yo siempre pensé que tendría mi misma edad.

- ¡Pues ahí tienes la explicación!...las estrellas no te lo contaron para no adelantar tu tristeza. Pero ahora ya sabes que cuando un gato se muere, sube al cielo y en un rincón está el mundo de los gatos que se llama “ Gatolandia”, donde como te he contado se encuentran con todos los amigos que tuvieron en la tierra. Lo mismo pasa con los perros, con los pájaros, con los peces…, todos tienen su rincón celestial.

- Y las personas ¿también se mueren?.

- Si mi amor, pero por ahora no tienes que preocuparte porque generalmente la gente se muere cuando es muuuuuuuuuuuuuuuuuuuy  pero muuuuuuuuuuuuuuuuuuy viejecita. Y las personas nos vamos a un cielo muy grande, donde nos encontramos con toda la gente a la que hemos querido. Además, ¿sabes qué tiene de bueno el cielo?.

- No, ¿qué tiene?, porque no te creas que me está gustando mucho la idea.

-Tiene de bueno que en él nunca pasa nada malo, nadie enferma, todos los que están en él son felices.

¿Te acuerdas de abuelito Luis Miguel, mi papá?

- Casi no me acuerdo. Sólo sé que era músico y si lo sé es por los violines que tienes colocados en una vitrina del salón, por las fotos que tienes de él con un violín entre sus brazos y por esos libros tan raros que conservas en un baúl…¿"partiuras"?

-  No, "partiuras" no, se llaman partituras y son los libros que usan los músicos cuando interpretan una melodía porque los signos que aparecen ahí escritos, las notas, les guían y ellos así saben cuando tienen que ir rápido o despacio. Pues bien, ¿sabes donde está ahora mi papá, tu abuelito?

- ¿En el cielo?.

-  Eso es mi amor, abuelito se murió cuando tú tenías un añito por eso no le recuerdas. Yo le quería y le quiero muchísimo; tampoco recuerdas lo triste que yo estaba…lloré mucho pensando que nunca iba a volver a verle hasta que me acordé que una vez, paseando por una playa de noche, abuelito que también hablaba con las estrellas como tú…

-¡Anda!....¿de verdad?

- Pues si, de verdad; bien, esa noche bajo un cielo totalmente estrellado, nos tumbamos sobre la arena y mirando hacia arriba me dijo que ahí era donde iba la gente que se moría y que por eso era tan bonito. Además, las personas que suben al cielo, nos cuidan y protegen desde donde están y, lo más importante, nunca hay que olvidarse de ellos, porque la única condición que existe para vivir en el cielo es que alguien en la tierra te recuerde con amor. Por eso es fundamental ser buena persona…si haces el bien, generas a tu alrededor bondad. Por ejemplo, abuelito fue para mí el mejor papá del mundo;  para abuelita, fue el mejor marido del mundo; para sus amigos, fue el mejor amigo del mundo. Nunca hizo daño a nadie, por eso todo el mundo le recuerda y se acuerda de él con amor y por eso estoy tan segura que mi papi está en el cielo y que si soy buena, me volveré a encontrar con él en el cielo.

- Mami, estoy muy contenta.

- ¿Por qué mi amor?.

-  Porque ya sé de quien he heredado el don de hablar con las estrellas y esta noche les voy a pedir un favor: que si ven a mi abuelito, le den un millón de besos de su nieta Celia, que le digan que le quiero mucho y que, aquí abajo, todo el mundo le recuerda con amor, así que no se preocupe, que seguirá en el cielo para siempre. ¡Buff! Y tengo que acordarme también de “Rebeca” para que pueda continuar en el cielo de los gatos.

- Eso es mi amor. Ahora ¿vas a dormir o vas a charlar con tu amigas celestiales?.

- Creo que por esta noche ya he hablado bastante y tengo muuuuuuuuuuuuuchooooooo sueño. Dame un beso muy, muy gordote y gracias por explicarme donde está ahora “Rebeca”. Te quiero muchísimo mamá.

-Yo a ti también te quiero mucho, mucho, mucho…


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En memoria de mi padre; ya han pasado dieciocho años desde su fallecimiento pero no pasa ni un solo día sin que piense en él…papá, te quiero.






M.A.M

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