Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene 19 años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón...Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz...
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?... ¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?... Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

lunes, 9 de junio de 2014

Posibles causas de autismo (PrensaLibre.com)



Nuevamente, un estudio en el que aparecemos las madres como las "culpables" del autismo de nuestros hijos. Desde la teoría de la "madre nevera" hasta la actualidad son numerosas las teorías que nos culpan. Parece mentira que haya que decirlo, pero aún hay gente que, por inconsciencia o dinero, son capaces de culpar a una madre de que su hijo de dos años no la quiera abrazar.

-La llamada teoría de las ‘madres nevera’ la formuló en su libro ‘La fortaleza vacía’ (1967) el vienés Bruno Bettelheim (1903-1990). Filósofo de formación, popularizó la idea de que las causas del autismo no eran biológicas, sino que se debía única y exclusivamente al ambiente (unos padres ausentes y/o sobreprotectores). Bettelheim estuvo internado en los campos de Dachau y de Buchenwald simplemente por ser judío. De su experiencia recordaba como algunos de sus compañeros, incapaces de soportar su suerte, se retraían hasta el punto de parecer totalmente ajenos a los estímulos exteriores. Fue eso lo que le llevó a creer que el autismo era algo inducido por el ambiente. Pocas ideas absurdas han hecho más daño que ésta. Y lo peor es que se la inventó. Ninguno de sus compañeros de cautiverio recordaba nada de eso.

-Otros son los seguidores de Andrew Wakefield, defensor de la teoría de no vacunar a los niños. Aquí, desgraciadamente, encontramos entre sus seguidores a muchos padres que, de buena fe, creen que están haciendo lo mejor para sus hijos. Wakefield publicó en 1988 un artículo en la prestigiosa revista The Lancet en el que relacionaba el autismo con la vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubeola). Pronto, con la prensa de su lado, nació el bulo de que un conservante que se utilizaba en las vacunas (el Timerosal) provocaba el trastorno. El pasado año, The Lancet retiró definitivamente el artículo (en 2004 ya lo puso en cuarentena tras una investigación de The Sunday Times). En enero de este año el British Medical Journal añadió que “se trató de un fraude deliberado en el que se engañó a los padres, se hicieron pruebas inconvenientes a los niños, se falsificaron resultados y se ocultaron deliberadamente intereses económicos”. En otras palabras, mintió por dinero (estaba a sueldo de un bufete de abogados antivacunas).

Teorías absurdas sobre el autismo (en realidad, Transtorno del Espectro Autista o TEA) las hay incontables, entre otras: ser madre primeriza "añosa" (anda que el nombrecito")...es decir, después de los 35 años; sufrir estrés; la polución de las grandes ciudades; comer muchas latas de atún, debido al mercurio que contiene; tener un nivel de  progesterona algo inferior a lo normal; haber "estimulado" demasiado al feto durante el embarazo...¡si hasta hay una teoría que dice que nuestros hijos con autismo son "Niños índigo", nombre utilizado en el contexto de la llamada «Corriente de la Nueva Era» o New Age para referirse a niños que representarían un estado superior de la evolución humana...Se cree que no tiene cura, pero se ha avanzado mucho sobre cómo actuar. Se sabe que si en 1988 había 1 afectado por cada 10.000 nacimientos hoy la cifra es de 1 por cada 150 (más que síndrome de Down, cáncer infantil y diabetes juntos). 


En fin, pasemos al artículo en cuestión:


Algunos niños con autismo podrían haber sido expuestos a niveles ligeramente elevados de ciertas hormonas en el útero, según un estudio reciente efectuado en Reino Unido.


Los investigadores encontraron que de 345 niños con y sin autismo, los que sufrían del trastorno tenían niveles elevados —en muestras almacenadas de su líquido amniótico— de cuatro hormonas sexuales, entre ellas la testosterona y la progesterona, y de cortisol, la hormona del estrés.
Los expertos dijeron que aún no está claro cómo interpretar los resultados, y que es importante establecer que el estudio no prueba queunos niveles hormonales elevados causaran autismo.
"Unos niveles elevados de esteroides podrían cambiar directamente la expresión de los genes en el cerebro", planteó Simon Baron-Cohen, investigador líder del estudio y quien dirige el Centro de Investigación sobre el Autismo de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido.
Por otro lado, apuntó, las elevaciones hormonales podrían ser resultado de algún otro factor desconocido.
EL TRASTORNO
Los trastornos del espectro autista se refieren a una variedad de alteraciones del neurodesarrollo, que se caracterizan por dificultades sociales, problemas de comunicación y conductas repetitivas. Se estima que uno de cada 68 niños de Estados Unidos ha sido diagnosticado con un trastorno autista, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), de ese país.
Para el estudio, los investigadores usaron muestras almacenadas de un gran grupo de mujeres danesas que se sometieron a una amniocentesis —extraer una pequeña cantidad de líquido de la bolsa que rodea al feto— entre 1993 y 1999.


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