Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene 19 años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón...Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz...
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?... ¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?... Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

domingo, 17 de mayo de 2015

UN CUENTO PARA NUESTROS NIÑOS "ESPECIALES": "CLOE NO SABE HABLAR Y LA LEONA QUIRA NO SABE RUGIR" (M.A.M.)


   Cloe nació en África, concretamente en un país que se llama Kenia. 

Sus papás, que son médicos, trabajaban allí en un hospital y viajaban mucho en un coche que se llama jeep, porque puede circular por carreteras de tierra, para ayudar a gente que está enferma y que viven muy lejos.

Cuando Cloe nació sus papás se pusieron muy, muy contentos, pues hacía mucho tiempo que tenían ganas de tener un bebé. 

Aunque muchos mayores dicen que los recién nacidos son todos iguales, Cloe era una niña muy guapa. De su mamá heredó el color de su pelo, rubio y el color de sus ojos, azules y de su papá la forma de la nariz, la boca junto al tamaño de sus pies y sus manos, muy grandes y fuertes.

Durante su primer año de vida, Cloe fue una niña buenísima. Casi nunca lloraba, apenas dormía pero dejaba dormir a sus papás, bueno, mejor dicho a su papá, porque a su mamá la despertaba cada dos horas para mamar. Pero a los seis meses empezó a comer en biberón y sus papás dormían toda, toda la noche.

Pero, ¿por qué Cloe dormía tan poco?. En realidad, sus papás no se lo habían preguntado porque, como ellos si dormían, no se daban cuenta de que Cloe no lo hacía.


                                          



Cuando tuvo que empezar a comer papillas con cuchara se negó en redondo porque le daba un asco horrible aquella cosa metálica que su mamá le metía en la boca, así que sus papás prefirieron esperar y no forzarla, así que siguió comiendo en biberón. ¡Claro, unos biberones cada vez más grandes en los que sus papás debían mezclar alimentos que a primera vista podrían parecer asquerosos, pero que a Cloe, le encantaban!. Por ejemplo: pescado, verduras, cereales y leche o carne, patatas, cereales y leche…y claro, la tetina, por la que succionaba su comida, cada vez tenía un agujero más y más grande!


Cuando Cloe cumplió dos años, seguía con las mismas manías y sus papás se había dado cuenta de algo que empezó a preocuparles mucho: Cloe nunca había dicho ni una sola palabra...ni mamá, ni papá, ni chupete ¡que le volvía loca!...ni biberón, ni pan, ni agua ¡con lo que le gustaba nadar en el río cercano a su casa!...¡nada de nada!. 

Como estaban muy preocupado, durante sus vacaciones viajaron a España, donde vivía el abuelito de Cloe, el papá de su papá, que era un psiquiatra infantil muy famoso.
Antes de nada, su abuelito pidió a sus amigos médicos que le hicieran algunas pruebas para ver si su pequeña nieta estaba enferma, pero ¡todas las pruebas salieron perfectas!.

Fue entonces cuando su abuelito empezó a jugar con Cloe y mientras jugaban, él iba apuntando cosas en un cuaderno. Fueron muchos días de juegos e incluso, a veces, venían amiguitos de su abuelito a jugar con ellos. 

Dos semanas después, los papás de Cloe se enteraron de cuál era el motivo por el que no hablaba: su abuelito diagnosticó que tenía una cosa que se llamaba “autismo no oral atípico”.

Y os preguntaréis, ¿qué es eso?. Pues es una enfermedad muy rara. Cloe no habla porque no necesita comunicarse con el resto de la gente; no juega con niños porque no le interesan nada de nada; no quiere comer con cuchara porque no soporta masticar; no duerme, porque no tiene las mismas necesidades de descanso de un niño “normal”; nunca ha jugado a las mamás con muñecas porque nunca le han gustado y le parece estúpido dar de comer a una muñeca pues ¡todo el mundo sabe que las muñecas no comen!

Pero, ¿por qué es atípico?; pues es atípico porque Cloe solo tiene esas características en común con otros niños autistas.

Cloe es muy mimosa y cariñosa.¡le encantan los besos y las cosquillas!; cuando su mamá o su papá le hablan, ella les mira a los ojos; no le importa hacer cada día algo diferente o que le cambien sus cosas de lugar. Le gusta mucho jugar con Mario Bros, leer cuentos y ver vídeos, porque ¡sí, Cloe aprendió a escribir en el ordenador y a leer sola!


Mientras en la sabana, en Kenia, la leona esposa del rey de los leones de la zona, acaba de tener un cachorrito. Bueno, una cachorrita a la que han decidido llamar Quira.
Sus papás tenían muchas ganas de tener un bebé, porque además será la princesa de los leones.

Quira es muy guapa, al igual que su mamá, duerme muy bien, le encanta mamar pero hay algo que preocupa a sus papás: desde que nació no ha rugido ni una sola vez y para un león, rugir es muy importante porque les sirve tanto para comunicarse con sus amigos como para dar miedo a otros animales.

Sus papás decidieron llevarla a la consulta de un mono muy sabio que vivía en la selva con quien la dejaron un día entero. El mono, mientras observaba a Quira, escribía con un palo en un trozo de arcilla; una vez terminada la sesión les dijo que Quira no rugía porque no sentía la necesidad de rugir, no juega con otros cachorros porque no le interesan, solo quiere mamar porque se muere de asco si tiene que dar un mordisco a un antílope cazado por su madre. Podría decirse que había desarrollado un “leonino autismo no rugiente atípico”.

Pero Quira es feliz como es. Se siente muy querida por sus papás, que la lamen constantemente, juegan con ella y, lo más importante, le da igual lo que piensen el resto de los leones de ella.

                         
                                

Cuando Cloe regresó a Kenia, un día se alejó porque le apetecía dar un paseo. Como no hablaba, al pasar un rato, nadie sabía donde estaba y sus papás empezaron a preocuparse.
Cloe, durante aquel paseo se sentía feliz, con el sol rozando su piel, cogiendo margaritas, observando las jirafas y las cebras…hasta se dio un chapuzón en un riachuelo junto a una familia de hipopótamos y otra de cocodrilos que habían ido a pasar el día de excursión.
Tras su baño, cuando se estaba secando, se encontró frente a frente con Quira, la pequeña leona que había tenido la misma idea que ella. Se miraron fijamente a los ojos, Cloe sonrió y Quira le dio un lametón en la cara.

No sabían cómo, pero sin mediar palabra ni rugido alguno, ambas lograron una comunicación total y absoluta. Ambas sabían lo que pensaba la otra.
Pasaron un largo rato “contando” lo preocupados que estaban sus respectivos padres, algo que ellas no entendían porque, desde muy pequeñas habían desarrollado un área de su cerebro que si el resto de los humanos y el resto de los leones quisieran, podrían hacerlo igual, pero como desconocían dicha capacidad no lo hacían. Y resulta que las que tenían el problema eran ellas. Cloe había visitado a un montón de médicos que le hicieron todo tipo de pruebas para finalmente acudir a su abuelo, el psiquiatra, que fue el que dijo que su problema se denominaba “ autismo no oral atípico “.
Quira había pasado un día entero con el mono doctor, que había apuntado todo lo que hacía en un trozo de arcilla y que fue el que dijo que su problema se llamaba “leonino autismo no rugiente atípico”.

Mientras Cloe y Quira jugaban, revolcándose en el barro y luego tirándose por un pequeño desnivel, girando sobre si mismas, para desembocar en un riachuelo, aparecieron los padres de Cloe que, aterrorizados, pensaron que su hijita estaba siendo atacada por un león. El papá de Cloe corrió hasta el jeep y cogió un fusil de caza con el que apuntó directamente a Quira; cuando tenía el dedo en el gatillo a punto de disparar oyeron un ¡¡¡N0000000000000000000!!!!.

¿Quién había dicho aquello?...la mamá de Cloe no había sido…¡habia sido Cloe!. 

Ante la terrible consecuencia que supondría que su padre apretase el gatillo, se vió obligada a hablar, algo que hasta entonces nunca había necesitado.

El papá de Cloe bajó el fusil y corrió a coger en brazos a su hija que ya estaba siendo abrazada por su madre. Cloe les dijo que Quira era una leona amiga suya y que lo que estaban haciendo era jugar juntas…ante esta explicación Quira ¡¡¡¡¡RUGIÓ!!!!!

Por primera vez en su vida, algo que hasta entonces nunca había necesitado pero ahora quería dar las gracias a su amiga Cloe y lo hizo así, mediante un rugido de satisfacción.

A partir de aquel día, Cloe empezó a hablar con toda normalidad y Quira a rugir con la fuerza que se le presupone a una princesa leona.
Tanto los papás de Cloe como los de Quira estaban muy felices. Pero no nos equivoquemos. Ni Cloe ni Quira eran peores antes por no hablar y no rugir, simplemente eran “diferentes”.

No se puede juzgar a nadie porque no haga lo que se supone que debe hacer pues puede que esté capacitado para hacer algo mucho más importante: dar amor y hacer felices a las personas que están a su alrededor.

Cloe y Quira fueron para siempre amigas y, cuando estaban solas y nadie las veía, seguían comunicándose como lo hacían cuando eran pequeñas, mentalmente…solo hablaban en presencia de los demás.


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