Ya ha finalizado el primer trimestre desde el inicio de curso de Julia en su nuevo colegio, un centro “especial” para niños “especiales” como ella.
¿He notado algún cambio?
Muchos e importantes:
-El comedor: uno de los retos más difíciles pues Julia siempre ha sido muy selectiva
comiendo, pero como está muy gordita, pensé que si estaba tres meses sin comer,
al menos adelgazaría. Pues no, los magníficos auxiliares que controlan a los niños
en el comedor han conseguido que coma ¡¡¡absolutamente de todo!!!...¡¡¡han logrado
hasta que pruebe y le guste la ensalada!!!. Eso me lleva a autoinculparme porque
es un hecho que si en el colegio lo hace, podía llevar haciéndolo desde hace tiempo
en casa, pero no supe conseguirlo.
-Su autonomía:¡increíble los retos que ha alcanzado!. Detalles como el de servirse el
zumo en un vaso y no beber “ a morro” del “brick”; decirle que vamos a cenar y se
dirige sin que nadie le diga nada a su habitación donde se pone el pijama, su bata y tras
lavarse las manos, se sienta en la mesa de la cocina a la espera de su cena. Algo funda-
mental para mí: cuando baja del autocar, además de llegar “amorosa y besucona”,
camina por la calle normalmente, sin saltos, sin gritos, nadie nos mira.
-Su relación con su compañeros: no podía ser mejor. En su clase hay cuatro alumnos
más con diferentes patologías; Julia es la más pequeña pero no por ello se deja dominar.
Ha sabido marcar su territorio, pacíficamente.
En los recreos, ¡¡¡participa de los juegos voluntariamente!!!, y eso si es “integración”;
de acuerdo, integración entre niños “especiales” pero es donde ella se siente cómoda.
No obstante, hay mucho camino que recorrer, porque sigue siendo Julia.
Por poner un ejemplo de su comportamiento, su hermana hace unos días no encontraba
ninguno de los tres libros que había utilizado ese fin de semana…tampoco su carpeta ni
su estuche.
Tras buscar por toda la casa, debajo de las camas, detrás de los sillones, ocultos entre la
“montaña” de ropa que supone el interior del armario de Celia, se encendió esa bombilla
que tenemos las madres de niños “especiales”, que no sé como no se funde nunca de
tanto utilizarla: abrí la ventana de la habitación y lo que ví era la confirmación de que
Julia, por mucho que insistan los profesionales que su CI es normal e incluso han llega-
do a decir que superior a la media, ¿qué utilidad tiene si utiliza su cerebro de una
manera muy peculiar y particular …¡todo el patio interior estaba invadido por
los libros que su hermana no encontraba, junto a los folios de la carpeta con todo lo
realizado desde que inició el nuevo curso en el instituto¡y no solo eso porque, ya que
se había dispuesto a estudiar la “ley de la gravedad”, había tirado también un estuche
lleno de pinturas, unas zapatillas de deportes, el mando a distancia de la televisión de su
hermana, el bol de las palomitas de la tarde anterior!. Y como había llovido ¡todo el
material escolar se encontraba inservible!
Esta semana no encontrábamos el móvil de Celia por ningún sitio; tengo que añadir que
el orden y mi hija pequeña no se “conocen”…pero tras buscarlo por los sitios lógicos,
nos asomamos a la ventana del patio de luces y ahí estaba: el teléfono por un lado,
la batería por otro, la carcasa un poco más lejos y como es su costumbre además del
móvil tiró un cuaderno de notas y un lápiz.
En fin, salvo estas peculiaridades de Julia, quiero pensar que hemos tomado la mejor
decisión al matricularla en su nuevo colegio de Educación Especial; quiero pensar que
ha pasado de estar en un centro en el que controlaban hasta el más mínimo de sus actos,
siempre bajo un férreo control y que lo que ella necesita es lo que está recibiendo ahora:
una libertad de acción que la conduzca a una autonomía de vida que realmente es lo que
necesita.
Esta semana asistimos a la obra de teatro que con motivo de la Navidad habían organi-
zado todos los profesores del colegio.
Sí, asumo que lloré durante todo el tiempo que
duró la representación pero, por primera vez, tras innumerables festivales navideños o
de fin de curso a los que asistí primero en Oviedo, en el Colegio Concertado de
“integración” (jajajajajaja…”integración”, pura falacia, mentira absoluta) o los
festivales a los que no asistió en su nuevo colegio público de “integración” de Pola de
Siero (jajajajajaja…imaginación al poder) porque su profesor daba por supuesto que
Julia era incapaz de seguir unas mínimas normas
Julia es así…así es Julia…¿hasta dónde llegará?: es mi angustia, mi desesperación,
mi desazón continua, aunque también es mi esperanza, mi fe en el potencial de mi niña
“especial”.
Cuando era pequeña, aunque su carácter era más “explosivo”, con rabietas y pataletas
casi diarias, la gente la miraba para seguidamente dirigir sus ojos hacia mí y, sin decir ni
una sola palabra expresar todo lo que pensaban: “que mal educada está esta niña”, o
bien algo que me dolía mucho más : “pobre madre lo que tiene que aguantar “..
Pero hoy, en la actualidad, Julia es más alta que yo y debe pesar casi veinte kilos más lo
que propicia que las miradas, ante uno de sus gritos o saltos, sean de absoluta
lástima y conmiseración.
Desde su nacimiento, mi vida ha estado marcada por Julia, dirigida por ella, marcada
por sus problemas, pero también sus pequeños avances, sus “gamberradas” y, sobre
todo, su carácter dulce, amoroso, besucón…le gusta darme besos y que se los devuelva.
le gusta abrazarme y que la abrace, le gusta “achucharme” y que le “achuche”. Hoy
por hoy, es la única persona de la que recibo besos, mimos, abrazos y para mí son
un “bálsamo” curativo.
El ocho de enero, empezamos el segundo trimestre. Se inicia la actividad en la piscina,
algo que la enloquece porque Julia es por naturaleza, acuática.