Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene veinte años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón.Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz.
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?.¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?. Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

martes, 13 de enero de 2015

UN CUENTO PARA NUESTROS NIÑOS: "ZOE Y SU CABALLO, LINDO" (M.A.M.)



  Zoe es una niña preciosa que acaba de cumplir 11 años…así que tiene que exprimir lo que le queda de infancia porque dentro de muy poco tiempo se convertirá en una pre adolescente, algo que a ella no le apetece nada porque querría seguir siendo una niña pequeña. Decididamente Zoe no quiere dejar de ser una niña porque le gustan los mimos, los besos en su barriga gordita y sobre todo las pedorretas en el cuello; sabe que cuando crezca muchas de las cosas que le gustan desaparecerán.

Zoe tiene unos enormes ojos oscuros, unas largas pestañas negras y el pelo de un precioso color caoba. Lo lleva corto, como un niño, porque no soporta que su mami la peine; es algo que le molesta muchísimo. Su nariz es pequeña y su preciosa boca deja entrever unos dientes, no muy grandes, algo separados y muy, muy blancos.

Zoe es una niña que tiene autismo. Entiende absolutamente todo lo que escucha a su alrededor pero ella, salvo el si y el no, se niega a hablar…para qué, si es capaz de saber a mucha distancia lo que la gente piensa. Zoe no recuerda el día en el que se dio cuenta que tenía esa capacidad pero, desde entonces, ha preferido guardar el secreto. Nadie lo sabe, ni su mamá, ni su papá, ni su hermana, ni su abuelita...nadie….bueno, esto no es del todo cierto ya que los animales que la ven todos los días si lo saben.

Cuando Zoe tenía tres años vivía con ellos un gato siamés, gordinflón, pachorrón al que le encantaba tumbarse en una butaca bajo la ventana a tomar el sol. Una tarde de septiembre, cuando ya estaba finalizando el verano, Mushi, que era como se llamaba el gato, estaba panza arriba, ronroneando de gusto cuando Zoe llegó corriendo a toda velocidad y de golpe se sentó bruscamente junto a él.

-“Zoe tienes que ser un poco más suave, me has despertado bruscamente y yo ya estoy muy viejecito…por favor, la próxima vez ten más cuidado”

Zoe se quedó mirando al gato Mushi, sabía perfectamente lo que le había dicho,” ¿pero cómo lo ha hecho?”, se preguntó.

Quizás fue ese el día en el que Zoe se dio cuenta por primera vez que podia hablar con los animales sin pronunciar una sola palabra. No tenía muy claro como lo hacía, pero el hecho es que, a la mañana siguiente, de camino al colegio, Michi, un perro callejero, pulgoso y con muy mal humor, que dormía resguardado en un hueco que había encontrado a la puerta del colegio, le dijo:
-“Buenos días, Zoe…menos mal que tú eres la niña que menos grita al entrar al cole…el resto de tus compañeros no se dan cuenta de que estoy aquí, durmiendo, tan plácidamente”.

-“A lo mejor la razón-le contestó Zoe- es que soy una niña que tiene autismo, que es el motivo  que me impide hablar, pero por lo que veo, no me impide saber lo que dices y tú entiendes también lo que estoy pensando, ¿no es así?”

-“Pero que ocurre…¿te has dado cuenta hoy?. Eso no es posible, porque el año pasado yo ya te saludaba todas las mañanas y tu me respondías haciendo un gesto con la mano.

-“¡ Tienes razón!...pues creo que no le había dado importancia porque pensaba que todo el mundo podía hacer lo mismo que yo, pero ahora sé que debo ser la única niña que tiene esa capacidad…¿sabes qué?...me mola. Y ahora que lo dices, por eso siempre sé cuando me toca ir al médico, lo que voy a comer al mediodía, la ficha que ha elegido la profe en clase….jo, que guay.

-“Zoe, yo te aconsejo una cosa- le dijo el perro Michi- ¿tu sabes escribir?”.

-“ Estoy aprendiendo a escribir con lápiz y en el ordenador…¿por qué me lo preguntas?

-“Porque estoy convencido que cuando sepas escribir bien, las personas mayores te harán preguntas y te pedirán que escribas las respuestas….¡como no hablas!. Pues bien, ¡ni se te ocurra decir que tienes esa capacidad!...es muy probable que no te creyesen y encima, a lo mejor los niños de tu clase se reirían de ti!. ¿Te puedo hacer una pregunta?

-“Por supuesto”, respondió mentalmente Zoe.

-¿Tu tienes previsto hablar con la boca alguna vez como hace el resto de la gente?.

-¿Sabes lo que pasa, Michi, que cuando tenía que haber empezado a hablar no lo hice y no me preguntes la razón porque la desconozco y ahora que tal vez me podría apetecer porque ¡para que voy a engañarme! creo que mis papis se llevarían un superalegrón y no digamos mi abuelita…además la vida diaria sería un poco más sencilla…pero las veces que lo he intentado, a escondidas, en mi habitación, ¡imposible!. Sólo puedo pronunciar las vocales pero el resto de las letras ¡no me salen!...además, a estas alturas ya todo el mundo sabe que soy una niña con autismo y se comunican conmigo usando fotos, dibujos….bueno, ellos lo llaman pictogramas…y van arreglándose. Hombre, me gustaría que mis papis supiesen que yo sé lo que piensan, porque hay veces ¡qué piensan unas cosas tan feas!...pero si tú me aconsejas que no lo escriba, te haré caso pues creo que eres el perro más viejo que conozco y siempre he oído que cuanto más viejo eres más cosas sabes”

Zoe, como muchos otros niños con autismo, monta a caballo, porque según sus papis es muy bueno para ella. Le relaja, estimula la "sociabilidad" , el afecto y mejora su "psicomotricidad". Lo cierto es que a Zoe, independientemente de todo lo bueno que tiene montar a caballo para una niña como ella, con autismo, ¡le encanta galopar y galopar!...correr y saltar...¡es de lo más emocionante!

Cuando empezó a los cuatro años, Zoe recuerda que el primer día le dio un poco de miedo porque el caballo era muy alto, pero enseguida se hizo amiga de él. El caballo que siempre ha montado Zoe se llama Lindo. Zoe ha escuchado a su profe que es un caballo percherón, muy tranquilo; su pelaje es blanco. Tiene unos grandes ojos, cubiertos por unas espesas pestañas, una nariz  de color negro y una boca muy grande que para lo único que la utiliza es para relinchar y comer...¡le encantan las zanahorias y el pan que le da Zoe después de cada clase!. Sin embargo, hoy, cuando llegaron a las caballerizas, la profe de Zoe le dijo.
-“Acabas de cumplir 12 años…ya eres una niña mayor que además sabes montar muy bien a caballo. Sabes ir al paso, trotar, galopar, saltar. Lindo está ya un poco viejecito y creo que es hora de que cambiemos de caballo”.

Zoe se enfadó muchísimo; ella quería seguir montando a Lindo, su amigo, su compañero. Desde que le montó el primer día, nunca se cayó al suelo, con él aprendió a trotar, a llevar las riendas. Decididamente no estaba dispuesta a montar otro caballo. Zoe sabía que como era una niña con autismo, a pesar de tener 12 años, podía llorar, patalear, gritar y que no la regañarían porque todos pensaban:
-“Pobrecita, es una niña autista….estas pataletas son la manera que tiene de expresar su frustración”.

En otras ocasiones, a Zoe no le había importado nada que la gente pensase eso, pero hoy si porque realmente estaba muy enfadada. Además, ella no era una niña autista, al igual que no era una niña rubia o una niña china o una niña pecosa. Ella era una niña que, además de ser niña tenía autismo.

Entonces empezó a correr hacia las viejas caballerizas tan rápido que nadie pudo alcanzarla. Logró llegar al establo donde estaba Lindo.

-“Lindo, no me dejan seguir montando contigo porque dicen que ya soy muy mayor, pero yo no quiero a otro caballo te quiero a ti, solamente a ti”...todo esto, por supuesto, pensando y no hablando, algo que a estas alturas Zoe ya había aceptado como normal.

-“Zoe, prepara la silla de montar y las riendas y súbete sobre mi….ya verán si puedo o no puedo seguir siendo tu caballo. Ya me están fastidiando con el rollo ese de que ya estoy muy mayor. Anda, corre, date prisa antes de que lleguen que hoy te voy a enseñar algo que sé hacer y que nunca te he podido enseñar porque siempre estábamos vigilados por la profe”

-“¿Qué es, qué es?”, preguntó mentalmente una ansiosa Zoe.

-“Tu móntate y ya lo verás”

Rápidamente Zoe preparó la silla y las riendas y subida a Lindo salieron los dos del establo a toda velocidad.

-“Por fin estamos solos, ¿no?”, preguntó Lindo

-“Si, no te preocupes, hemos llegado al bosque y aquí van a tardar bastante en llegar”.

-“Bien, pues entonces prepárate. ¿Recuerdas que tras hablar con tu gato Mushy, que en paz descanse en el cielo de los gatos y con el perro Michi,, que también está ya en el cielo de los perros, un día viniste muy misteriosa…deberías tener cinco años…y me dijiste que podías saber lo que pensaba y que desde entonces hemos tenido una comunicación maravillosa?”.

-“Claro, ¿como no me voy a acordar?; recuerdo además que tú también, aunque eras mucho más joven que ellos me aconsejaste lo mismo, que era mejor guardarlo en secreto, algo que he hecho hasta ahora.”

-“Entonces comprenderás perfectamente lo que voy a confesarte hoy…además de trotar y galopar, además de correr y saltar vallas, ¿sabes lo que se hacer?...¡¡¡¡¡volar!!!.



Fue entonces cuando de los costados de Lindo empezaron a salir unas alas, al principio muy pequeñas hasta convertirse en unas largas y preciosas alas aterciopeladas que Lindo empezó a agitar suavemente. Cuando Zoe miró hacía abajo se dio cuenta de que estaban a una gran altura, sobre las nubes…un sitio precioso que siempre había visto desde la tierra, pero las nubes, vistas desde arriba son diferentes: algodonosas, esponjosas. Llegaron a una especialmente confortable y Lindo le pidió a Zoe que descendiera de la silla para conocer el placer de recostarse sobre una blanca nube.

-“Zoe, tengo que decirte una cosa…es probable que al principio te apenes y entristezcas, pero te puedo asegurar que yo estoy muy contento por lo que va a ocurrir dentro de muy poco tiempo”

-“¿Qué es Lindo?...¿por qué me voy a poner triste?”

-“Zoe, ¿tu recuerdas cuántos años tenías cuando viniste a conocerme?”

-“No sé, creo que tenía unos cuatro años…por qué me lo preguntas”

-“Cuando tu viniste por primera a vez tenías cuatro años, sin embargo yo tenía ocho porque los caballos que trabajamos con niños que tenéis algún problema, no podemos ser jóvenes, ni nerviosos…sino tranquilos y obedientes. Estoy seguro de que vas a entender lo que te voy a contar. La vida de los animales suele ser mucho más corta que la de las personas. ¿Recuerdas a tu gato Mushy que se murió cuando tu tenías cinco años? ¿y cuántos tenía él?…creo recordar que me dijiste llorando, el día que subió al cielo de los gatos, que tenía quince…¡y quince años en un gato son muchos años!. Ahora sé, porque tu me lo contaste, que desde hace tres años vive con vosotros un perro que se llama Xasy, ¿no es así?.

-Si, así es….y es cierto que mami me explicó el día que Xasy cumplió un año que si fuese un niño tendría siete años…algo que me costó un poco comprender pero creo que ahora ya sé lo que me quería decir. ¿Cuántos años tienes tú, Lindo?

-Calcula, mi pequeña. Te conocí cuando tenías cuatro años y yo tenía ocho…ahora tienes ¿12?, sino me equivoco, por tanto yo tengo 16 años. Aun me quedan unos años de trabajo, pero tu ya pesas demasiado para mi viejo lomo. Por eso quería que supieras que aunque tu profe te pida que montes ahora a otro caballo es únicamente porque yo ya no tengo fuerzas para trotar, galopar y saltar contigo. Y quería decírtelo en mi lugar favorito, sobre mi nube preferida. No quería que te despidieses de mi sin conocer mi gran secreto.

-“¿Cómo despedirme de ti?....yo quiero seguir viéndote cada sábado que venga aunque tenga que ensillar a otro caballo.

-“Es que no sé si te dejarán venir a verme…los profes de aquí tienen la teoria de que los niños que tenéis autismo, os enfadáis con mucha facilidad , por lo que no querrán que vengas a mi establo”

-“Los profes no tienen ni idea de por qué nos comportamos así los niños que tenemos autismo…vaaaaaaaaaaaaale, una de las razones es que, como dicen los mayores “tenemos un nivel de frustración muy bajo”, pero la mayoría de las veces lo hacemos para conseguir lo que queremos”

-“Supongo que tu quieres que te guarde el secreto de qué sabes volar al igual que yo preferiría seguir manteniendo en secreto que puedo saber lo que piensan las personas y los animales. Lo que haré entonces será convencer a mi papi para venir un poco antes. No sé como lo haré…¡¡¡¡¡Ya sé!!!!!!... a pesar de lo que en su día me aconsejó el perro Michi, lo escribiré en un papel y como se van a poner tan súper contentos al ver que puedo comunicarme a través de la escritura, seguro que lo consigo y entonces añadiré en mi nota que me gustaría estar contigo esa media hora de más, cepillándote, limpiándote, dándote zanahorias…¿qué te parece?

- “Me parece una idea estupenda…¿ahora quieres que demos un paseo sobre las nubes y que lleguemos al cielo de los gatos para que puedas saludar a Mushy?”

-“¡Me encantaría!”

Y fue así como Zoe pudo volver a abrazar a su gato Mushy, el cual le dijo que estaba encantado de vivir en el cielo de los gatos, porque había vuelto a ver a su mami, a su papi, a todos sus hermanos y que se lo pasaban genial. Luego dieron un rodeo y llegaron al cielo de los caballos, donde vivía ya la mamá y el papá de Lindo. “Papá, mamá, os presento a Zoe mi mejor amiga”- “encantados de conocerte, ya sé que Lindo te ha contado cosas que todos los animales tenemos prohibido contar, pero sabemos también que eres una niña que sabe guardar los secretos”. “Hasta pronto”, les dijo Lindo que volviendo a extender sus alas, pidió a Zoe que se subiera a la silla pues iban a hacer el viaje de vuelta.

Cuando regresaron, todos los profesores y el papi de Zoe estaban preocupados por su desaparición. Cuando la encontraron junto a Lindo todos se alegraron y la profe quedó gratamente sorprendida porque cuando le dizo a Zoe que a partir de ese día como ya tenía doce años empezaría a montar sobre un caballo mucho más joven , Zoe no empezó a llorar, gritar y patalear…se limitó a sonreír y mirar de reojo a su para siempre mejor amigo, el caballo Lindo.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado y espero de corazón que os haya gustado.

jueves, 8 de enero de 2015

Diferentes mutaciones, diferentes formas de autismo


("Genética Médica News")

Más allá de los síntomas sobre el comportamiento y habilidades cognitivas, una de las principales características de los trastornos del autismo es la amplia variabilidad fenotípica y heterogeneidad genética. Gracias al intenso esfuerzo realizado durante los últimos años, numerosas variantes genéticas han sido asociadas al autismo, y han sido incluidas en bases de datos con información de datos de expresión y rasgos clínicos de los pacientes. Un nuevo estudio de la Universidad de Columbia, EE.UU. ha analizado los patrones de expresión de los genes implicados en el autismo y evaluado cómo las diferentes mutaciones que afectan a la expresión y función de estos genes afectan al fenotipo de los pacientes.
Para ello, los investigadores tomaron, a partir de bases de datos, información de la expresión en cerebro de los genes que presentan variantes genéticas (de un solo nucleótido o en el número de copias) implicadas en el autismo, y cruzaron esa información con la obtenida de otras bases de datos que recogen las manifestaciones fenotípicas asociadas a genes concretos. La idea, era correlacionar mutaciones o genes específicos con manifestaciones concretas de la enfermedad. “Si podemos entender cómo diferentes mutaciones llevan a distingos rasgos del desorden del espectro del autismo, quizás seamos capaces de utilizar los perfiles genéticos de los pacientes para desarrollar herramientas precisas de diagnóstico y pronóstico, y quizás personalizar el tratamiento,” afirma Dennos Vitkup, investigador senior del trabajo.
Los resultados del estudio confirman estudios previos que indicaban que estas variantes se concentran en redes funcionales implicadas en neurogénesis y formación de sinapsis o conexiones entre las células nerviosas y muestran que aunque en los pacientes con autismo se encuentran afectadas numerosas áreas y tipos celulares cerebrales, el efecto de las mutaciones es mayor en tipos concretos, como las interneuronas de la corteza cerebral, las neuronas piramidales y las neuronas espinosas medias del estriado.
Además, los investigadores encontraron que la severidad de los síntomas está correlacionada con la intensidad de la alteración funcional provocada por las mutaciones, lo que les lleva a sugerir que la distinción entre discapacidad intelectual y autismo se debe, en principio, al efecto funcional más que al gen o genes afectados en ambas condiciones.
Por último, los análisis de expresión génica en cerebro apoyan la hipótesis  de que las mujeres con autismo, cuya proporción es mucho menor que la de los hombres, presentan mutaciones más dañinas. “Estos patrones son consistentes con la idea de que existen mecanismos que protegen a las mujeres,” comenta Vitkup. “A menudo, únicamente vemos síntomas en las mujeres cuando una mutación altera a un gen muy activo”. El investigador añade que puesto que las diferencias en actividad génica entre los cerebros de ambos sexos son de un pequeño porcentaje, estos resultados son muy remarcables.
Los resultados del trabajo establecen un nuevo marco de estudio de los trastornos del autismo, en el que toda la información obtenida hasta el momento es integrada para poder obtener una mayor capacidad analítica dentro del espectro del autismo y una mayor precisión a la hora de estudiar a cada paciente de forma individualizada.
Referencia: Chang J, et al. Genotype to phenotype relationships in autism spectrum disorders. Nat Neurosci. 2014 Dec 22. doi: 10.1038/nn.3907

Autismo. Imagen: Darryl Leja, National  Human Genome Research Institute, NIH (www.genome.gov)
Autismo. Imagen: Darryl Leja, National Human Genome Research Institute, NIH (www.genome.gov)

miércoles, 7 de enero de 2015

UN CUENTO PARA NUESTROS NIÑOS "ESPECIALES"; GLUBGLUB, EL PINGÜINO QUE NO PODIA NADAR (M.A.M.)



El matrimonio de pingüinos formado por la señora pingüina Trina y el señor pingüino Lupo estaban esperando el pronto nacimiento de sus cuatro hijitos, pues cuatro huevos había puesto la señora Trina y cuatro huevos ambos incubaban

Vivían en una enorme comunidad de pingüinos, en la Antártida, en un pueblo que se llamaba Pingüilandia, donde don Lupo era el alcalde del lugar. Todos estaban muy nerviosos por el nacimiento de los cuatro primeros hijos del alcalde y su esposa. 

Una mañana muy, muy fría los huevos empezaron a agrietarse y lentamente comenzaron a salir los pequeños pingüinos. Sus padres estaban tan felices que no repararon en que el último en nacer tenía una de sus alas mucho más corta que la otra y esto, teniendo en cuenta que las alas de los pingüinos son ya muy pequeñas iba a suponer un enorme problema para su supervivencia. Esa mañana su felicidad era tan grande que lo primero que hicieron fue poner nombre a sus cuatro hijitos, dos pingüinitas y dos pingüinitos.

-“Se van a llamar Plufpluf y Glubglub, los chicos y Plafplaf y Glabglab, las chicas”-dijo decidida doña Trina-“¿Te parece bien querido?-

-“Si a ti te gustan esos nombres, elegidos están; tu pusiste los huevos, mi amorcito así que tienes todo el derecho del mundo a escoger su nombre”.

El matrimonio vivía en una casa ubicada en el centro del pueblo, muy cerca del ayuntamiento y  tras el nacimiento de sus cuatro hijitos, Don Lupo salió al balcón de la casa consistorial para dar la buena nueva a los habitantes de Pingüilandia.

-“Quiero comunicaros el nacimiento de mis cuatro hijos. Hoy todos estáis invitados a una opípara cena a base de todo tipo de cangrejos y otras maravillas culinarias”

Sin embargo, cuando don Lupo entró en su casa se encontró a su esposa llorando desconsolada y abrazada a uno de sus recién nacidos hijitos. Era Glubglub…su mami acaba de darse cuenta que tenía una de sus alas muy, muy, muy pequeña, tan pequeña que apenas se le veía y eso que los pingüinos tienen las alas pequeñas por naturaleza, pero es que la de Glubgub apenas de le distinguía.

¿Y para que necesitan las alas los pingüinos si no vuelan?, os preguntaréis. Muy buena pregunta. Los pingüinos no vuelan porque pesan mucho pero en el agua utilizan sus pequeñas alas para nadar y bucear. ¿Y para que quiere nadar y bucear un pingüino?, os preguntaréis también. Fundamentalmente para poder cazar los pequeños animales que les sirven de alimento: una especie de gamba llamada Krill, peces, calamares…

¿Y por qué estaba tan preocupada doña Trina, os preguntaréis con buena lógica?.

Doña Trina estaba triste y abatida porque pensaba que su hijito Glubglub al tener una ala tan,  tan,  tan pequeña, que apenas se apreciaba, no podría nadar como el resto de sus hermanos. Mientras Glubglub fuese pequeño no habría problema porque mientras viviese con sus papás, éstos se ocuparían de su comida…¿pero que pasaría cuando Glubglub fuese mayor?.

Su mamá lloraba desconsolada pensando que su hijito tendría que vivir siempre con ellos porque jamás sería capaz de nadar y bucear como el resto de los pingüinos y por tanto, no podría cazar para comer y  eso la entristecía enormemente.

Doña Trina se preguntaba qué habría hecho mal cuando puso los huevos o durante la incubación para que uno de sus hijitos naciese imperfecto. Ella estaba convencida que había seguido todos los consejos que le había dado su madre, la señora pingüina doña Trufa…pero algo debía haber hecho mal: quizás no puso el huevo de Glubglub con el suficiente cuidado o tal vez le incubó menos tiempo que al resto, aunque estaba segura de que se había portado igual con sus cuatro huevos.

El tiempo fue pasando y Glubglub y sus hermanos ya podían salir a jugar solos. A Doña Trina le preocupaba mucho que le ocurriese algo malo a Glubglub  y apenas le daba libertad como al resto de sus hermanos. Sin embargo, nunca le explicó a Glubglub el por qué de su comportamiento ya que pensaba que si no se lo decía viviría más feliz, es más, retiró de su casa todos los espejos para que no pudiese ver su gran defecto y su marido don Lupo dio la orden a todos los pingüinos del pueblo de que no le dirían nada a Glubglub.

 Pero Glubglub era un pingüinito muy listo y notaba que algo no iba bien. No sabía de qué se trataba pero era evidente que el comportamiento que tenía su mami con él era diferente del que tenía con el resto de sus hermanos.

 Un día que Doña Trina se quedó dormida tras la comida, Glubglub salió muy despacito de su casa y cuando llegó a la orilla del mar, miró su imagen reflejada en el agua y al verse se le escapó un grito de espanto que resonó en todo el pueblo. Ya sabía porque su mamá no le dejaba solo ni a sol ni sombra: ¡prácticamente estaba manco pues una de sus alas era tan, tan pequeña que apenas se veía!.

En un primer momento se enfadó mucho con sus padres, con sus hermanos, ¡con todo el pueblo!...¿cómo es posible que nadie le hubiese dicho nada?. Pero rápidamente empezó a pensar de forma positiva y se propuso que conseguiría hacer lo que hacía el resto de los pingüinos. A partir de ese momento, esperaba a que su mami se quedase dormida, para escaparse en silencio y lentamente se metía en el mar. El primer día fue un desastre y si no se ahogó es porque paseaba por la orilla una foca que le ayudó.

-“¿Pero cómo se te ocurre meterte en el agua si estás manco?, quieres convertirte en comida para cualquier elefante marino que pase a tu lado. Tendrás que hacerte a la idea de que con una sola ala no podrás nadar, asúmelo y vivirás más tranquilo”.

-“Me niego a asumir que nunca voy a poder cazar mi propia comida y que voy a vivir para siempre dependiendo de lo que me pongan mis papis sobre la mesa. Tengo que aprender a nadar como sea. ¡Oye, ¿Cómo te llamas?!”-le preguntó a la foca.

-“¿Qué cómo me llamo yo? Y…¿se puede saber para qué lo quiere saber un pingüino manco como tú?.

-“Porque me gustaría que te convirtieras en mi amiga y me enseñases a nadar?.”

-“Y a cambio ¿qué se supone que voy a recibir yo, si puede saberse?”.

-“Pues ¡mi amistad!...soy un pingüino pequeño y no tengo dinero…solamente puedo convertirme en tu amigo. Por favor, ayúdame…sólo tú puedes hacerlo porque mi padre ha dado la orden en el pueblo de que ningún pingüino haga alusión a mi defecto….y asi ¿cómo voy a aprender a nadar?”.

-“De acuerdo-contestó la foca entristecida por la historia-. Me llamo Mina, vivo dos pueblos por encima del tuyo, pero no me resultará ningún problema venir todos los días y enseñarte a nadar””.


Durante un año, la foca Mina y el pingüino Glubglub quedaron siempre a la misma hora, en el mismo punto de la orilla hasta que un día ¡¡¡por fín!!! Glubglub logró dar sus primeros aleteos en el agua y avanzar él solo. Glubglub quería estar bien seguro de que lograría nadar solo antes de comunicárselo a sus padres. Durante el mes siguiente, la evolución de Glubglub en el agua fue tan rápida que hasta Mina estaba sorprendida.

-“Glubglub…¡lo has conseguido!...¡ya sabes nadar”...y estaban tan contentos que se dieron besos, abrazos, más besos, más abrazos”

-“Gracias Mina, sin ti no lo habría conseguido”

-“Por supuesto que si…yo solo te he enseñado a flotar…has sido tú, practicando todos los días lloviese o nevase, hundiéndote y volviendo a salir a flote…has sido tú y tu esfuerzo el que te ha permitido aprender a nadar…Glubglub eres un pingüino extraordinario

Ese mismo día, Glubglub pidió a sus padres y hermanos que le acompañasen a la orilla del mar.

-“¿Cuántas veces te he dicho, Glubglub, que no puedes ir tu solo hasta la orilla?”, contestó enfadada su mamá.

-“Ya lo sé….muchiiiiiiiiiiiiiiiisimas veces…pero por favor, venid conmigo”.

-“De acuerdo, pero esta vez y nunca más”, dijo rotunda doña Trina.

Cuando llegaron a la orilla, les estaba esperando la foca Mina. Entonces Glubglub, sin dar tiempo a su madre a reaccionar, salió corriendo  y junto a Mina se lanzaron al agua.

-“¡Dios mio!”, grito doña Trina…”Glubglub, ¿no ves que te puedes aho……?. Pero, ¡¡¡si sabes nadar!!!!. Mi hijito sabe nadar, mi hijito sabe nadar”, grito una orgullosa madre.

-“Mami, ves como a pesar de ser manco, con un poco de esfuerzo y la ayuda de mi amiga, la foca Mina, he podido aprender a nadar. Sé que lo único que querías, al protegerme de la manera que lo hacías, es que no me ocurriese nada malo, pero con esa protección lo único que iba a ocurrir es que siempre dependería de ti o de papá o de mis hermanos para comer. Y yo quería aprender a nadar para conseguir mi propia comida, quería aprender a defenderme, quería convertirme en un pingüino independiente y feliz….y mamá, te aseguro que ahora mismo me siento el pingüino más feliz del mundo”.


-“No mi amor, la pingüina más feliz del mundo soy yo” y Glubglub y su mamá se fundieron en un larguiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiisimo abrazo, dándose mutuamente besos y más besos.


Y colorín colorado, este cuento se acabado y espero de corazón que te haya gustado.

martes, 6 de enero de 2015

"Día de Reyes" (M.A.M.)

Hoy estoy triste.

No puedo evitar recordar aquellas mañanas de Reyes, hace nueve, diez, once años.

Celia había escrito, semanas antes, su carta en la que escribía detalladamente qué era lo que quería

qué le trajesen los Reyes Magos. Con mimo y magia, la guardaba en un sobre que, invadida por la

ilusión, introducía en un buzón de correos. Creía en su existencia, confiaba en sus mágicos

poderes y esperaba impaciente su llegada.

Julia jamás lo hizo...nunca supe qué era lo que deseaba y, lo peor, es que sospechaba que realmente

no deseaba nada...¡me parecía tan injusto!. Era yo la que escribía la carta en la que detallaba aquello

que presumía podría hacerle ilusión.


No obstante, las dos se levantaban y encontraban el salón repleto de juguetes, con una gran

diferencia:

Celia sabía lo que iba a encontrarse...Julia, no.

Celia corría nerviosa y apresurada a ver si sus deseos se habían cumplido...reía a carcajadas y

tomaba, incrédula,entre sus manos sus regalos. Inmediatamente, se ponía a jugar.

Julia, tras acercarse al salón, no miraba los regalos, no mostraba entusiasmo, nerviosismo, alegría.

Para ella era un día más. Por más que yo intentase poner alegría al momento, en seguida me invadía

el desánimo.

Si, los miraba...si, los tomaba entre sus manos...pero no jugaba con ellos. Pronto se levantaba y

regresaba a su habitación donde la esperaban sus cosas de siempre

La mañana de Reyes era uno de esos días en los que yo deseaba que Julia no fuera "especial".

Si hay algo que jamás podré perdonar al Autismo es haberme robado su infancia.

Por eso para mí, el 6 de enero es un día triste, muy triste.

viernes, 2 de enero de 2015

"TEO, EL DÁLMATA QUE NO TENÍA MANCHAS" (M.A.M.)






Xasa y Tom era un matrimonio de perros de raza dálmata. ¿Y sabéis qué es lo más característico de este tipo de raza?...¿de verdad no lo sabéis?...pues que su cuerpo es de color blanco pero está lleno de manchas negras. Lo que la gente valora en un perro de esta raza es que tenga esa característica, parece ser súper importante.
Pues bien, dos años después de haberse casado, Xasa y Tom se enteraron de que iban a tener hijitos, y digo hijitos y no hijito, por que las perras suelen tener más de dos o tres cachorritos.


Cuando llegó el momento del nacimiento de los cachorritos era de noche y tanto Xasa como Tom que vivían en una granja cuidada por un señor ya un poco viejecillo, Manuel, tenían su habitación en el establo, donde también vivían dos caballos, que eran hermanos y aún eran muy jóvenes, Gus y Bus, y un par de cerdos que estaban también casados pero no habían tenido aún hijitos porque la boda se había celebrado hacía muy poco tiempo, Mina y Lolo.

Tom estaba muy intranquilo y daba vueltas por el establo poniendo nerviosos a los caballos, dos jóvenes potros que lo único que querían era dormir.

Al fin, Xasa consiguió que saliesen de su barriga cuatro cachorritos, dos perritas y dos perritos.

-“Buffffffffff, por fín, creía que no iba a terminar nunca, pero ya tenemos aquí a nuestros cuatro hijitos. ¡ Ayyyyyyyy!, espera, creo que queda otro por salir!”

Y así fue, nació un quinto cachorrito, muy, muy pequeño y absolutamente blanco.

- “¿Pero Tom, te has fijado, no es como nosotros…es diferente... no tiene manchas, es blanco como la nieve y demasiado pequeño. Pobre, está temblando”.

Y Xasa como la buena madre que ya era, acogió bajo su cuerpo a sus cinco hijitos disponiendo sus tetitas para que bebiesen de la leche que salían de ellas. Sin embargo Tom, ni siquiera quiso conocer al cachorrito blanco.



- “Xasa, mañana cuando el señor Manuel vea al pequeñajo  blanco, va a intentar deshacerse de él, así que no te encariñes demasiado. Bastante tiene ya con darnos de comer a nosostros dos y ahora a nuestros cuatro hijitos”.


-“¡Tom!-grito Xasa enfadadísima- no son cuatro, son cinco. Recuerda que el último, el pequeñín salió también de mi barriga como todos sus hermanos. ¿Qué ocurre, que porque es diferente no le vas a querer?. Porque si es así me decepcionas…y mucho”

-“Pero Xasa, no comprendes que el señor Manuel lo va a rechazar por su blancura. A él le gustan los perros de nuestra raza, la raza dálmata ¿y tengo acaso que recordarte que es lo que nos caracteriza?, ¡¡¡nuestras manchas!!! y este no tiene manchas.”

-“Me da igual, aunque sea le esconderé para que no lo descubra y ahora vamos a pensar los nombres que vamos a ponerles”.

-“Xasa, a ti ser madre te ha transformado. ¿O es que también tengo que recordarte que es el señor Manuel el que elige el nombre de todos nosostros?.”

-“Bueno, pues como a mi chiquitín no le va a conocer porque lo voy a esconder, el nombre se lo pondré yo. Se llamará Teo”

-“No te preocupes, Xasa -dijo la señora cerda- yo te ayudaré a esconderlo”.

-“Pues a lo mejor nosotros nos chivamos”-dijeron los jóvenes caballos

-“¿Queréis que el Señor Manuel sepa quien rompió de una coz la puerta del cercado?...porque yo sí lo sé y estoy segura que vosotros no queréis que se lo cuente…¿me equivoco?”.

-“No, por supuesto que no te equivocas. Si tu no le cuentas que fuimos nosotros los causantes de la rotura de la cerca, guardaremos el secreto”.

A la mañana siguiente, el señor Manuel entró en el establo a dar de comer a sus animales cuando se llevó la grata sorpresa del nacimiento de los perritos.

-“¡¡¡Pero que tenemos aquí!!!. Xasa, son preciosos… les pondré de nombre en honor tuyo y de su padre, a las cachorritas Xusa y Xesa y a los cachorritos Timi y Tomi. Enhorabuena Tom, eres padre de cuatro perrillos encantadores!!!”.

Pasó el tiempo y los cachorrillos ya tenían seis meses y jugaban y correteaban por el prado que rodeaba la casa. Todos menos Teo, que seguía escondido y solo salía del establo cuando ya se había puesto el sol y el señor Manuel no podía verlo.

Una noche, mientras Teo jugueteaba a la luz de la luna, primero olfateó un olor extraño, que no conocía y seguidamente vió a dos personas dispuestas a entrar en casa del Señor Manuel. En un primer momento, Teo se quedó sin saber que hacer: en el establo todos dormían y él no podía ladrar porque el señor Manuel no sabía ni siquiera que vivía en la granja. Sin embargo, siguió con la vista a los dos extraños y muy silenciosamente se puso tras ellos y se dispuso a vigilar. Teo vió perfectamente como por una de las ventanas, cuyo cristal permanecía roto desde hace ya mucho tiempo, los dos extraños se introdujeron en la casa. Cuando Teo se dio cuenta que esos dos hombres eran un par de ladrones y se disponía a acercarse hasta el establo para avisar a su padre y hermanos, oyó al señor Manuel gritar.

-“¡Socorro!...¿Ayuda?...No, por favor, no me hagan daño…les daré lo que ustedes quieran pero no me hagan daño”.

El establo estaba demasiado alejado de la casa para que sus padres, o los caballos o el matrimonio de cerdos oyeran los gritos del señor Manuel y Teo se dio cuenta que si no actuaba rápidamente algo malo podría ocurrir. Así que, sin pensarlo ni un segundo, entró por el mismo agujero de la ventana por el que se habían introducido los ladrones y ¡de pronto empezó a ladrar con tanta fuerza que hasta él mismo se asustó al oirse! (“Jolines, pensó, no sabia que podía ladrar tan fuerte…claro, tanto tiempo escondido me ha impedido practicar”?) y empezó a perseguir a los ladrones a los que consiguió alcanzar y darles dos mordiscos en sus respectivos culos. Eso fue más que suficiente para que los ladrones escapasen.

Cuando Teo se acercó al Señor Manuel y vió que estaba con los ojos cerrados, se asustó, pero acerco su oreja y notó que respiraba. 
“Será mejor que me vaya antes de que se despierte”, pero no había terminado de pensar esa frase cuando escuchó al señor Manuel a su espalda.

-“¿Se puede saber de donde has salido?. Amigo, me has salvado la vida. Nunca había conocido a un perro tan valiente como tú.

-“So-so-soy hijo de Xasa y Tom”, dijo Churrusquín, tartamudeando.

-“Pero, ¡¡¡si no te había visto nunca!!!. Voy ahora mismo a hablar con tus padres para que me den una explicación.

-“No es necesario que vaya…se la puedo dar yo “.

-“De acuerdo, empieza, porque no entiendo nada de nada….además, ¿como vas a ser hijo suyo?. Ellos son dálmatas de pura raza y tu no tienes ni una minúscula mancha”.

-“Precisamente esa es la razón por la que mi mamá me ha mantenido escondido hasta ahora. Mi papá pensaba que si usted veía que yo era diferente, no me querría y me echaría de la granja”.

-“Pero eso es una tontería”. ¿Acaso tu padre no se ha dado cuenta de que yo soy cojo?. ¡Pues anda que no se metieron los niños conmigo cuando era pequeño porque había nacido con una pierna más corta que la otra!. Hasta que me harté y me dije a mi mismo: soy así…vale, tengo una pierna un poco más corta que la otra pero, ¿por el hecho de ser diferente soy peor?...no sólo soy diferente. Pero como estaba tan enfadado, yo pensé que lo estaba pensando y no, lo estaba diciendo en voz alta, casi gritando, por lo que me oyeron todos los niños que, de pronto, se quedaron callados y empezaron a verme de diferente manera. Ya no fui nunca más el niño cojo del colegio….a partir de entonces fui para siempre Manuel.

-¿Sabes lo que te digo?…por cierto, no me has dicho como te llamas.”

-“Me llamo Teo, señor Manuel”

-“Pues que a partir de hoy, vas a ser mi perro guardián y ya no dormirás nunca en el establo, sino a los pies de mi cama y además ya no jugarás de noche, sino que correrás de día y disfrutarás del sol, de su calor…conocerás a las flores, porque ellas por la noche se cierran y ya verás como te gustan, perseguirás mariposas, que de noche tampoco vuelan, oirás el trino de los pájaros. Y además sabes lo que te digo, ¡¡¡qué me encanta que seas de color blanco!!!, no tendrás manchas como tus padres y hermanos pero has demostrado una valentía digna de elogio!!!

Y así fue como Teo pasó a ser el perro guardián de la casa y cuando venía algún amigo a la granja y le preguntaba al señor Manuel:” Pero ¿de qué raza es este perro? “, Manuel contestaba, “dálmata”.

-“Pero Manuel, si es de color blanco y los dálmatas tienen manchas negras, este perro es muy diferente de los dálmatas que conzco”



-“Te aseguro que es de raza dálmata…pero diferente y  estoy muy orgulloso de él. Haz el favor de dejar de mirarle con cara de pena…¡no se lo merece!. Es el perro más valiente que he conocido y es mi mejor amigo”.


Y colorín colorado, este cuento se ha acabado y espero que te haya gustado.