¿Cómo lo ha pasado?, ¿cómo se ha portado?, ¿se ha aburrido?, ¿le han gritado?, ¿le ha gustado la comida?, ¿ha salido a pasear?...¡NO LO SÉ!...y, tal vez, pueda parecer una tontería desconocer estos detalles pero para mí son fundamentales. Julia, desde su falta de lenguaje, obviamente no puede contarme qué tal le ha ido, si se ha divertido, si ha dormido bien, si ha pasado calor...¡yo que sé!...¿pero sabéis lo angustioso que puede llegar a ser desconocer absolutamente todo lo que le sucede a tu hija una vez la pierdes de vista?.
Estoy intentado aprender a desconectar estos dos fines de semana de cada mes. Asumo que el silencio, el poder bajar la guardia, desconectar, salir de ese microcosmos en el que todas las madres de niños "especiales" vivimos, viene muy bien pero a mí el desconocimiento me mata.
Hoy Julia se ha portado bien en el colegio y si lo sé es porque su tutora y yo nos comunicamos a través de la "libreta viajera". Ha bajado del autobús con una de sus enormes sonrisas y en el corto trayecto que nos lleva hasta casa ha reído, me ha comido a besos, me ha pegado en el brazo sin conocer el motivo, ha vuelto a besarme, ha gritado, ha vuelto a reír. ha vuelto a besarme...
Mi casa vuelve a estar plenamente habitada por Julia. Ella es quien la llena de música, carcajadas, carreras, saltos, besos, gritos. Porque, durante el fin de semana, Celia ha estado en casa pero, desde sus casi 17 años, da igual que esté porque no sale de su habitación, apenas habla un par de palabras, no ríe, utiliza auriculares para todo, vive en su mundo particular.
Mi realidad es que vivo con mis dos hijas en un mundo sin lenguaje; Julia no habla porque tiene autismo severo y Celia no habla...¿por su carácter?, ¿por la ya cansina adolescencia?, ¿por qué simplemente no tiene nada que contarme?.
Julia y Celia de bebés, cuando yo aún era feliz.








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