Julia corriendo en plena naturaleza es ¡¡¡feliz!!!...
Mi hija Julia tiene 19 años y crece paralelamente al blog que inspiró, por eso anualmente anoto cada cambio de edad.
Tiene Autismo "no verbal".
Usted es gord@, usted es calv@, usted es alt@, usted es baj@; usted lleva gafas; usted utiliza bastón...Tú tienes acné, tú estás en pleno estirón, a tí te está cambiando la voz...
¿Es mi mirada lastimera, reprobatoria o de conmiseración?... ¿Acaso cuchicheo ante tu poblada cara llena de granos o tu atiplada voz o miro, con atención, el bastón que usted usa para caminar?... Pues no miren así a mi hija, no se lo merece y yo tampoco.

viernes, 25 de septiembre de 2015

"MIMOS, ABRAZOS Y RESPETO;: UNA INFALIBLE FÓRMULA PARA LA CONVIVENCIA" (M.A.M.)

Aquellos que me seguís en este blog, sabéis que tengo dos maravillosas hijas, Julia de 17 y Celia de 16 años años, dos adolescentes con sus particulares características pero igual de increíbles.

Julia tiene autismo y Celia no...¿es esto un obstáculo insalvable para la convivencia?. En absoluto; ambas conviven bajo el mismo techo y saben que el respeto, la tolerancia, la comprensión, la flexibilidad, la paciencia son elementos indispensables para vivir felices.




Alguien podría preguntarme:

-"Pero, ¿una persona con autismo es capaz de entender algo tan abstracto y tan integrado en el área de la sociabilidad como puede ser el respeto?".
Os sorprendería saber qué compleja, a la vez de mágica, es la personalidad de un autista.

Es posible que Julia no sea capaz de explicar qué es la tolerancia pero sabe muy bien cuáles son las cosas que ella hace y que molestan enormemente a su hermana Celia.

Julia tiene una enorme hiperactividad que se manifiesta en carreras sin fin por el largo pasillo de nuestra casa, en alocados botes en su gigantesca pelota, en saltos "en plancha" sobre su cama pero si  Celia le pide :
- "Julia, para un poco, por favor".
Al instante le obedece y transforma su necesidad de movimiento en una maravillosa sonrisa que desemboca en unos momentos de paz, lo suficientemente intensos para que su hermana logre relajarse.



                              


¿Sabéis qué otros ingredientes son fundamentales para hacer más fácil que personas tan diferentes convivan bajo el mismo techo?. Muy sencillo, aunque en este momento, entro yo en escena: los mimos, los besos, los abrazos, las cosquillas...Os puedo asegurar que un "achuchón" a tiempo es la mejor de las medicinas.

Es ahora cuándo, Celia, desde su "no autismo", se muestra más reacia a este tipo de comportamientos. Su personalidad, unida a su adolescencia, hacen que no le guste demasiado que yo invada su "espacio vital". No es ninguna tontería; según los resultados de un experimento, publicados en la revista "The Journal of Neurosciencie", la mayoría de las personas necesitan que se respete un entorno de 20 a 40 centímetros alrededor de su cara, incrementando este perímetro, según aumente la ansiedad que, a los dieciséis, puedo asegurar es más que evidente.

Sin embargo, soy una autentica defensora del poder curativo de los abrazos. Es increíble todo lo que puede curar, compensar, mejorar y prevenir un simple y amoroso abrazo. Sé que la adolescencia no es el mejor momento para demostrar sensibilidad pero estoy convencida de que el contacto físico tiene poderes curativos y amplía nuestro bienestar emocional. Cuando nos tocamos, nos abrazamos, llevamos vida a nuestros sentidos y reafirmamos la confianza en nuestros propios sentimientos. Y, como soy muy pesada, en aquellos momentos en los que es necesario romper con una situación tensa, recurro a mis ya conocidos "achuchones". A Julia le encantan; es más, son muchas las ocasiones a lo largo del día en las que ella me los pide. Y a Celia también le gustan pero, con moderación y ¡por sorpresa!, aderezado todo con sonrisas y sentido del humor. Hoy, por poner un ejemplo, empecé a darle besos en la espalda y, tras un "gruñido" inicial, no pudo evitar el sentirse reconfortada y recibir con agrado una "dosis extra de mimos".

Julia tiene autismo " no oral". A Celia, simplemente, no le gusta hablar demasiado. Por eso doy tanta importancia al idioma universal de los abrazos. Creo que no solo debemos utilizar el lenguaje, también deberíamos utilizar la sabiduría intuitiva, esa que carece de palabras y que sirve para acceder a cualquier persona, sea "especial" o especial.

Esta es mi reflexión de hoy: la convivencia es muy sencilla siempre que se practique algo tan sencillo como el respeto mutuo, aderezado con elevadas dosis de muestras de afecto que provocan increíbles alteraciones positivas en quien toca y en quien es tocado.

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